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domingo, 16 de octubre de 2011

IDEAS PRACTICAS PARA AHORRAR TIEMPO

    El tiempo es esa cosa que todos deseamos pero no tenemos, y más que el oro, lo añoramos en cuanto vemos que se nos escapa.
    Desde luego, el tiempo corre lento para todo lo tedioso, menos para una cosa: la limpieza de la casa.
    A menos que seas de esas raras avis a las que les encanta la limpieza diaria y además tienen todo el tiempo del mundo, seguro que eres de ese cada vez mayor montón de gente que "no tiene tiempo" para dejar su casita "como los chorros del oro".
   Pues bien, el otro día, en uno de esos "encuentros en la tercera fase" de esta que les escribe y la tele, es decir, de esas noches en que, por ser viernes y por no ofender a tu pareja, decides sentarte en el sillón ante la caja tonta unos minutos, en una película protagonizada por Jennifer Aniston, de cuyo título no me acuerdo, la susodicha se dedicaba a trabajar de asistenta.
   Ridículo o maravilloso tener a Jennifer Aniston limpiandote la cocina, pero ese era el guión.
   Más por lo que voy a contar que por la historia en sí, me quedé a ver la película (por otro lado, un tanto absurda)y mientras ante mí desfilaban situaciones de lo más variopintas, mi mente capturaba una de esas ideas felices que de vez en cuando surcan los cielos neuronales de mi cabecita.
   Y he aquí el resultado: conviértete en tu propia asistenta.
   ¿Cómo?¿Qué? Pues sí, lo dicho, conviértete en tu asistenta, piensa como ella (o él) y limpia tu casa como si fueras esa persona, es decir, de manera profesional.
   Tu asistenta (puedes imaginarte a Aniston si quieres) es muy profesional: siempre empieza y termina sus tareas, llega a su hora y acaba a su hora, dejando todo en orden. Tiene una ruta de trabajo marcada, no pierde tiempo viendo la tele o releyendo esas viejas revistas, tiene que ganarse sus euros y cuantas más horas haga en diferentes casas, más dinero ganará.
   Utiliza sabiamente los productos de limpieza, de manera que acarreando sólo dos o tres de ellos, limpia toda la casa sin tener que usar y por lo tanto arrastrar con ella un cajón lleno de productos.
   Se viste de manera adecuada, nada de limpiar con la ropa de calle, y si es necesario se pone por encima una camiseta usada para no mancharse innecesariamente. Quizá pone música para hacer más llevaderas sus tareas, pero no pierde el tiempo bailando.
   Sabe que tiene que acabar a una determinada hora, así que analiza la situación y empieza por lo más visible y por donde más necesario es limpiar, y como es buena profesional, no deja cosas sucias o a medio limpiar. Se marca sus tareas y trabaja por objetivos.
   Por supuesto, tiene un horario y un día o dos en los que limpia tu casa, no está cada dos por tres allí, ni aparece a las once de la noche. Todo lo tiene friamente calculado para que el tiempo se le convierta en oro y para que su buen trabajo le traiga buenas recomendaciones y por tanto más trabajo y más dinero.
   Ahora piensa en convertirte tú en esa persona, pero no limpiarás la casa de tu vecino, sino la tuya: si lo haces de manera profesional, será más rápido y eficaz, imagínate que haces una obra de teatro o que estás en una película y ese es tu papel.
   Concéntrate en hacer un buen papel y como por arte de magia, tu casa estará limpia y recogida en poco tiempo y casi sin esfuerzo (bueno, vale, quizá termines destrozado/a, pero ¿qué asistenta no termina así al final de su jornada?)

lunes, 4 de julio de 2011

CRISIS

Mi abuela solía decir que crisis es cuando no hay nada que poner en la mesa (para comer, se entiende).
En mi casa hemos conocido un mes de crisis al estilo de mi abuela.
Todo iba como siempre: cobras tu nómina, pagas tus recibos, haces tu compra, y te queda lo suficiente para ir tirando y para que a mediados de mes te de el susto la hipoteca.
Todo bajo control, vamos, hasta que de pronto, te soplan 600 euros de seguro de la casa y te hunden el barco en alta mar.
Habíamos cambiado de aseguradora porque nos habían dicho que, al tener también el seguro de los coches y el plan de pensiones, nos saldría muy bien de precio (¿?) el dichoso seguro.
Al final resultó que de "bien de precio" nada, y para colmo, apenas cubre nada que te pase en tu casa: es decir, un robo a mano armada en toda regla.
La cuestión es que, aunque reclames, eso no significa que tengas razón o que te la den, y mientras tanto, tienes, por narices, que aplicar una política de austeridad brutal en tu casa, precisamente en lo que menos se debe escamotear (desde mi punto de vista), que es en la comida (lo único en lo que puedes controlar el gasto, porque lo demás es lo que es y no hay vuelta de hoja).
Como decía mi hijo pequeño, "solo quedan tres tristes latas de sardinas en la despensa, están la estanterías vacías", y aunque exageraba un poco, casi casi era así.
De esta experiencia, pese a su tristeza, se pueden sacar varias enseñanzas: la primera, se puede vivir con menos de lo que creemos; la segunda, es importante tener un fondo de ahorro para casos como este (aunque me dirán cómo se puede ahorrar con los tiempos que corren); la tercera, la falta de dinero puede ponerte de muy mal humor; cuarta, el minimalismo te salva de estas situaciones (porque estás acostumbrada a no gastar en banalidades); quinta, te solidarizas aún más con las personas que viven permanentemente en este estado de ansiedad.
Por suerte, tenemos trabajo y nóminas que cobrar, y era sólo cuestión de sobrevivir con lo puesto hasta llegar al ansiado día de cobro, pero ha sido duro estar así desde el 9 de junio en adelante.
Y lo del robo a mano armada del seguro, por desgracia no podemos hacer mucho ahora, pero el año que viene, desde luego, pondremos los puntos sobre las ies para que nos revisen las cláusulas: no hay necesidad de pagar tanto por asegurar una casa en la que prácticamente no hay nada (y mucho menos, nada de valor, que es lo mejor del minimalismo).
Esta experiencia hace que te plantees muchas cosas: ves tu vida desde otra perspectiva, comprendes que los gastos que para ti son normales, resulta que no son básicos, y que con los básicos se puede vivir, aunque eches de menos muchas cosas.
También, por enésima vez, descubres que fiarte de un amigo te puede salir caro (cuando ese amigo trabaja para la compañía de seguros que te ha desplumado la cuenta bancaria), sobre todo cuando, por ser amigo, no lees la letra pequeña.
Sin embargo, de toda experiencia negativa se sacan conclusiones positivas: ser vegetariana es la opción más económica, así que, me reafirmo aún más en mi postura; ser minimalista es la opción más divertida: aprendes a sacarle provecho a lo que ya tienes.
No sé que hubiera pasado si no estuviera acostumbrada a esta clase de vida, en la que voluntariamente he renunciado a lo superfluo, tanto en la comida como en las posesiones materiales: seguramente lo habría pasado muy mal.
Cuando te aferras a las cosas, dominan tu vida; cuando tu equipaje es ligero, puedes partir en cualquier momento y adaptarte a lo que venga.
También he aprendido que es importante tener reservas, no sólo de dinero, sino de básicos en tu casa: esta enseñanza me vino dada hace un par de años, cuando en unas navidades, nos vimos atrapados por un temporal de viento y lluvia tan grande que nadie podía salir de sus casas y dejó de funcionar la central eléctrica; en ese momento comprendí lo importante que es tener un poco de todo y cosas que normalmente no usamos pero que son indispensables en esos casos, como linternas, pilas para las linternas, velas, cerillas, un hornillo de gas (en el caso de que tu cocinilla funcione con electricidad).
Afortunadamente, este mes vino con la paga extra (que no es doble, ni mucho menos), pero las enseñanzas del mes de junio quedarán grabadas en nuestro subconsciente: aprenderemos del pasado para no repetirlo.

sábado, 5 de febrero de 2011

UN PLÁTANO=300 CALORÍAS

     Hace unos días, por casualidad (yo no veo la tele, es decir, no me siento religiosamente a tragar basura, digo, televisión), vi un trocito de una película bastante cruda y realista sobre la hambruna que asoló Etiopía no hace muchos años (no sé el título, pero la protagonizaba Angelina Jolie).
    En ese fragmento, uno de los protagonistas decía que un plátano son 300 calorías, muchas más de las que ingería uno de aquellos miles de niños que moría a diario en ese país.
     Y me puse a pensar: en esta sociedad, nosotros midiendo con pánico cada caloría de más para no engordar, y la mayor parte del mundo deseando contar alguna caloría para poder comer.
    Un simple plátano, que a veces tomo de postre tras el almuerzo, lo que otros no comerán en una semana...
    Si fuéramos más conscientes de lo que tenemos, seríamos agradecidos, menos avariciosos y más comedidos y frugales.
    Me cuesta, porque soy de buen comer, pero me he propuesto volverme más frugal en las comidas, al igual que lo estoy siendo en otras facetas de mi vida, porque, aunque sólo sea de manera simbólica, creo que si reduzco mis necesidades, otros podrán cubrir las suyas algo mejor.
    Entre el despilfarro de la sociedad occidental y la miseria de los desheredados de la tierra, debemos encontrar un punto de equilibrio en el que todos vivamos sencillamente para que todos sencillamente, podamos vivir, como dijo el sabio (Gandhi, si no me equivoco.)