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jueves, 18 de octubre de 2012

MINIMALISMO DE CONVENIENCIA

   El minimalismo está muy bien, hasta que deja de estarlo...
   Mientras lo de reducir y tener 33 cosas en el armario era una decisión libre, era "cool"; cuando tienes 10 cosas en el armario porque no tienes dinero para comprar más, ya no es tan "in".
   Mientras lo de tener un coche pequeño era una forma de reinvindicar la diferencia, era exótico y tema de apasionado debate entre los compañeros de trabajo, estaba bien; cuando tu coche es pequeño porque vendiste aquel enorme cochazo que no podías pagar, ya no tiene tanto encanto.
   Este es el pensamiento de algunas personas que, con la crisis, se han dado cuenta de que sus reivindicaciones eran solamente banderas de conveniencia.
   Sucede lo mismo con los sindicalistas que no van a la huelga porque dejan de cobrar ese día, o con los católicos que sólo lo son en bodas y comuniones pero no pisan una iglesia en años (aunque se consideren muy católicos).
   Todo lo nuevo tiene encanto, hasta que deja de ser nuevo, pero cuando tus ideas son algo más que modas, sabes que estás en el camino adecuado.
   El minimalismo es, ante todo, un estilo de vida, no una moda, y ante la crisis económica, los minimalistas militantes debemos serlo aún más: concienciarnos sobre la utilidad de nuestras posiciones, sobre la realidad de nuestras ideas.
   El minimalismo no es la respuesta a la crisis, no solucionará el paro ni logrará sacarnos de esta recesión, pero sí es el camino para no volver a caer en los errores que nos han dejado como legado este panorama.
   Desear más y acumular sin sentido nos ha traido hasta aqui; desear menos y no acumular no nos sacará de aquí, pero nos abrirá los ojos a la verdad.
   Si eres de los minimalistas que llegaron a este modo de vivir por moda, plantéate si no es hora ya de asumir que esa moda sirve para algo más que para diferenciarte.
   Si eres de los que viven el minimalismo como una fuente de inspiración para una vida más auténtica, no sucumbas al desánimo: esta es la vía hacia una nueva historia, la de la mesura y el equilibrio que todos buscamos y necesitamos.

viernes, 5 de octubre de 2012

BENDICE A TU ENEMIGO

       Todos tenemos enemigos, unos más, otros menos, unos más peligrosos, otros más "domésticados", pero todos los tenemos.
   Lo que más odiamos de nuestros enemigos es, significativamente, aquello que más odiamos de nosotros mismos, aun sin saberlo.
   Vemos en ellos la oscuridad que no queremos ver en nuestro interior, esa oscuridad que nos asusta pero que no podemos negar.
    De esas personas que nos hacen la vida insoportable, podemos aprender muchas cosas, como por ejemplo, a dominar nuestra ira, nuestra furia ante sus agresiones, y también a ser asertivos, a levantarnos una vez más y sin rencor decir "basta".
   No obstante, hay otras cosas que debemos agradecer a nuestros enemigos: quizá nuestro primer contacto con el yoga se produjo como una búsqueda de equilibrio ante tanto ataque; quizá la lectura de esos libros vino por la necesidad de entender el por qué de tanta inquina hacia ti; quizá todo ese proceso en el que te has tenido que reinventar se lo debas a tu enemigo.
   De todas las cosas malas siempre surjen cosas buenas, aunque muchas veces sean invisibles: agradece a tu enemigo que te haya hecho más fuerte, pero no permitas que te vuelva más agrio.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

QUIÉRETE MUCHO

       Prácticamente todos los libros de autoayuda publicados hasta el momento, podrían resumirse en una sola frase:"Quiérete mucho".
   Leído uno, leídos todos, podríamos decir entonces, de esos libros que tanto nos entusiasman mientras los leemos y tan pronto olvidamos.
   Algunos de ellos son memorables, otros un fiasco, pero después de haber devorado y masticado algunos de ellos, puedo decir, sin temor a equivocarme, que se trata del mismo perro con distinto collar.
   Algunos son pura palabrería, que nos tragamos sin cuestionar, otros deberían pasar a la Historia de la Literatura como auténticas joyas, pero, repito, todos ellos se basan en la misma premisa: "quiérete mucho".
   Sin embargo, si todos esos panfletos y librajos dicen lo mismo, ¿cómo es que cada vez que sale uno nuevo, se agota en las librerías a los pocos días? Y mejor aún, ¿cómo es que las editoriales siguen sacando a la luz esos libros, tan parecidos unos a otros, mes tras mes?
   Porque el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
   Pese a ser tan sencillo resumir esos mensajes de autoayuda, no nos lo acabamos de creer; necesitamos a esos nuevos profetas para que estén a diario susurrándonos al oído lo que debemos hacer, aunque lo sepamos, porque no tenemos la fuerza de voluntad suficiente para hacernos cargo de nuestra propia existencia.
   Así, cosas tan sencillas como decir abiertamente lo que pensamos, alimentarnos de manera sana o tratar a los demás como queremos que los demás nos traten, parecen conceptos demasiado complicados como para que los asimilemos.
   Dudamos de nuestra propia capacidad para pensar seriamente en lo que merece la pena, y decidimos, consciente o inconscientemente, que debe ser el último gurú de las editoriales quien nos repita una serie de consejos que con gusto nos daría nuestra abuela si la quisiéramos escuchar, y que, de manera repetitiva nos propondría nuestra conciencia si le hiciérmos caso.
   ¿Por qué pagamos 20 o 30 euros para leer cosas como "dedica un tiempo a ti misma/o", "comer despacio favorece la relajación", "ser consciente de nuestras necesidades nos hace mejores personas", etc, etc?
   ¿Acaso no nos dice eso mismo la vocecita insistente que surge de vete a saber donde cuando encontramos unos segundos de silencio?
   Todos sabemos lo que debemos hacer y lo que queremos hacer, el problema es que no lo hacemos: queremos desayunar tranquilamente, comer sano, hablar de ese problema sin acritud, llamar a los amigos que hace tiempo que tenemos abandonados, jugar más con nuestros hijos, vestir de manera más sencilla, ahorrar, trabajar de manera más eficaz y menos horas, y así un largo etcétera.
   Mas parafraseando al astronauta que pisó por vez primera la luna "es un pequeño paso para la humanidad, pero un paso de gigante para las personas".
   Al fin y al cabo, ni todos los libros de autoayuda juntos podrán hacer por ti lo más básico: empieza, da el primer paso.
   El camino se llama "quiérete mucho", es decir, no te hagas daño, no vivas mal, aprovecha tu tiempo presente, busca la felicidad, no ansíes ni ambiciones lo que te hace infeliz...pero, empieza ya, ahora, ahora mismo (¡deja de leer este blog y empieza, no tienes todo el tiempo del mundo!).

domingo, 12 de agosto de 2012

MÁS ES MENOS, DEFINITIVAMENTE

   Le pese a quien le pese, más siempre es menos.
  Eso es algo que sabemos los aprendices de minimalistas que habitamos estos espacios cibernéticos y los mundos reales.
   Sin embargo, a nuestros políticos y dirigentes no se les mete en la cabeza, y creen, erróneamente, que trabajando o permaneciendo más horas en la escuela o en las oficinas, redimos más.
   Pues siento disentir con ellos, otra vez: a menor tiempo para ejecutar una tarea, mayor rapidez en su ejecución.
   Si no fuera así, ¿por qué rayos habrían de esforzarse los atletas en las Olimpiadas por arrancar unas décimas de segundo a sus propias marcas y llegar antes que el otro?
   Si tienes un objetivo que cumplir y poco tiempo para ello, te centras, te concentras y lo haces; si tienes toda la mañana para mover dos papeles, se te pasará la mañana y moverás uno solo.
   A esa locura de tenernos a todos más horas "pringando", la llaman productividad.
   Los funcionarios no nos vamos a volver más productivos por trabajar media hora más al día: si nos bajan el sueldo, nos quitan la paga de navidad, los días de asuntos propios, los días por antigüedad, etc, y nos aumentan la jornada laboral, estaremos igual de motivados que los niños japoneses después de las maratonianas sesiones escolares.
   Los niños en los colegios, con horarios de trabajo que abarcan desde las siete de la mañana hasta las tantas de la tarde, más las horas extras de deberes y las actividades extraescolares, no se convertirán por ello en pequeños genios ni en supernenes capaces de inventar con ocho años la vacuna contra el SIDA o enviar cohetes a Andrómeda.
   Los niños tienen que jugar, por imperativo legal (así lo reconocen los Derechos del Niño), y sus padres funcionarios (o no) tienen derecho a estar con sus hijos.
   Ni ellos ni nosotros somos esclavos, pero los políticos, adalides de la supuesta "productividad" derivada del agotamiento físico y mental, nos convierten en títeres, máquinas de producir dinero para llenar sus "bolsillos", perdón, sus "crisis económicas".
   Aumentando nuestra ya enorme e inhumana jornada laboral, no hacen más que eliminar el derecho de nuestros hijos a jugar, a tener una familia que les acompañe y les cuide (que también es un Derecho internacionalmente reconocido), y como dicen los americanos en su Constitución, "el derecho a la búsqueda de la felicidad".
   No se puede trabajar desde las siete y media hasta las tres, o desde las ocho hasta las tres y media, con un miserable descanso de treinta minutos, por mucho menos salario del que teníamos con media hora menos al día, pensando que nuestros pequeños tienen que levantarse a las seis de la mañana para llegar a un colegio a las siete del que saldrán a las tres y media o cuatro de la tarde, completamente agotados, como sus padres.
   No se puede soportar eso y mostrar una estóica sonrisa ante los ciudadanos, mientras nuestros políticos (concejales, consejeros, etc), siguen cobrando lo mismo, entran a la hora que les da la gana, se marchan cuando quieren, y tienen de vacaciones, todos los días que se les antojan (sin la obligación legal de tratar bien a los ciudadanos ni a los funcionarios).
   Para muestra un botón: mi Jefe de Sección, tuvo que retrasar este año (otra vez) sus vacaciones una semana, para dejar resueltos unos "asuntillos" que le solicitó a última hora el Consejero. Lo dejó resuelto sacando horas de donde no las tenía, dejando a su familia colgada (otra vez, como tantos veranos), y, a cambio, el Consejero, ni siquiera le dió las gracias el último día ni le deseó unas buenas vacaciones.
   ¿Cómo nos motivarán para seguir atendiendo al público? ¿De la misma manera que motivan a los niños en el aula sobrecargándolos de responsabilidades y trabajos que ni un adulto es capaz de soportar?
   Caiga sobre la conciencia de todos estos que imponen su sistema caduco e inútil a una sociedad harta, el daño que nos infrigen.

miércoles, 1 de agosto de 2012

LA VIDA ES COMO EL PADEL

        Si alguna vez has jugado al padel (ese híbrido entre palas de playa y tenis), sabrás que, cuando la pelota está en tu campo, debes lanzarla al contario antes de que bote por segunda vez (si no lo haces, pierdes el punto).
   Sucede entonces que, o bien tú o bien tu compañero, sale corriendo en busca de la pelotita de marras, gritando "mía" para evitar que, en el fragor de la "batalla", tu pala golpee al mismo tiempo que la suya la pelota o que, en el intento, alguna de las palas termine impactando en la cabeza del compañero.
   Si la pelota está más cerca de ti que de tu compañero, y éste grita "mía", debes decirle "no" y golpearla tú mismo.
   A estas alturas, más de un lector está perdido ("¿esta loca de qué está hablando hoy?", pensará), o habrá pasado al siguiente blog en busca de algo mejor.
   Pero lo interesante empieza ahora, porque "la vida es como el padel": la vida es un juego en equipo en el que para conseguir tus objetivos debes aprender a compartir, debes coordinarte con tu compañero para que el juego no sólo sea rentable, sino además, divertido; debes aprender a resolver los problemas tal como llegan (a las esquinas, a la pared, muy altos, muy bajos, imposibles o fáciles) y a hacerlo con rapidez y eficacia; debes saber cuando algo es "tuyo" y debes enfrentarte a ello y cuando es del otro y debes dejar que lo resuelva por si mismo (un hijo que debe tomar sus propias decisiones, un amigo que debe hacerse cargo de sus propios errores, etc.); debes respetar el derecho del otro a ejercer sus derechos (a gritar su "no"); debes aprender a delegar, dejando que otro haga el trabajo que tú no puedes hacer y dando la confianza suficiente al compañero para que lo haga a su manera; debes tener humildad para reconocer cuándo necesitas al otro y no puedes abarcar tú sólo todos los peligros o dificultades; debes aceptar a tu compañero de equipo tal cual es, con sus habilidades y fallos, como quieres ser aceptado tú; debes jugar limpio, sin mal humor y sin hacer daño ni al contrario ni al compañero; debes arriesgar y luchar por dar lo mejor, pero también reconocer el buen trabajo de los contrincantes.
   Finalmente, al igual que en todos los deportes, la vida debe ser un juego no demasiado serio, donde haya espacio y tiempo para la diversión sana, donde dejemos a un lado la competición feroz, y donde aprendamos a perder con dignidad una vez que hemos hecho todo lo posible por ganar.
   ¿Estás preparado para la siguiente partida? Adelante, la pista es tuya...y de tus compañeros de vida: sin ellos, no es posible jugar.

viernes, 13 de julio de 2012

CUENTO DE NAVIDAD (EN PLENO JULIO)

   Ebenezer Scrooge es el protagonista del famoso "cuento de Navidad" escrito por Charles Dickens en 1843, con el que quería dar un buen "puñetazo encima de la mesa" (palabras del autor), en favor de los pobres.
   La situación de la Inglaterra de Dickens era de todo menos idílica, y con esa parábola sobre el usurero egoista que, ni siquiera en Navidad, era capaz de abrir su mano a los necesitados, quiso dar un aldabonazo en las conciencias de sus conciudadanos.
   Desde tiempos inmemoriales, con el solsticio de invierno, se celebraban fiestas en honor a la vida, a la luz, y a la promesa de renacimiento de la naturaleza, ya que, tras la más larga del año, comenzarían a acortarse las noches, anunciando la llegada de la ansiada primavera.
   Desde esos mismos tiempos, era costumbre intercambiar regalos, hacer donativos y compartir entre todos los miembros de la tribu, las dávidas de la tierra para con sus hijos, precisamente en la época del año de mayor escasez.
   Miles de años después de que se implantaran estas costumbres, un nuevo "Ebenezer Scrooge", tira por tierra la paga de Navidad (el aguinaldo) de los funcionarios, porque, al igual que Eva en el Paraíso y Pandora en el Olimpo, somos los culpables de todos los delitos, los pecados y los males que aquejan a este país.
   Demonizados hasta el extremo (tanto es así que la imagen "oficial" del diablo pasará en breve de ser un calco de Baphomet, medio humano medio macho cabrío, a ser un funcionario), este colectivo no sólo ve reducidas sus nóminas, sus días de asuntos propios, sus días de vacaciones por antigüedad, etc., sino además ve desaparecer su paga extra de Navidad, y lo único que aumenta es su jornada laboral (¿qué tal si también trabajamos los domingos, ya puestos?).
   Mientras tanto, los "Scrooge" que pisan las alfombras del ruedo político, seguirán comiendo pavo y caviar, riéndose de nosotros por ser unos "muertos de hambre", pero también de todos aquellos comerciantes que dependen de nuestros bolsillos para poder llenar los suyos y pagar las nóminas de sus empleados.
   Y no contentos con ello, nos suben los impuestos directos e indirectos y nos exigen más sacrificios...que no estaría mal hacer, si cundiera el ejemplo entre sus filas.
   Sólo espero que, cuando lleguen los espíritus de las Navidades pasadas, presentes y futuras, y dado que no van a conseguir cambiar las mentes de estos "Scrooge", se los lleven tan lejos como, por ejemplo, al "país de Nunca Jamás" y así, sin ellos, podamos quedarnos nosotros, todos los españoles, en el "país de las Maravillas".
   Amén (así sea).

lunes, 9 de julio de 2012

TU VIDA EN UNA MALETA

   La situacíón económica es tan pésima, que la palabra "emigración" suena cada vez más, incluso entre los funcionarios.
   El ritmo de reformas es tan brutal que no sabemos si, tras la pérdida del horario de verano (reducir la jornada una hora los meses de julio, agosto y septiembre), nos enviarán a las filas del paro a todos los interinos el próximo viernes (los famosos viernes negros).
   Como hoy comentaba un compañero, "los funcionarios a estas alturas, somos como los pasajeros de los aviones del 11 S: sabemos que este avión (la administración) se va a pique y nosotros somos los que vamos a estrellarnos, no hay salvación, lo único que no sabemos es cuánto tiempo más estaremos volando".
   Consideraciones políticas aparte, suena cada vez más, como decía, la frase "voy a emigrar a...(Alemania, Uruguay, Chile...)", y de ahí este post: ¿y si el próximo viernes me quedo sin trabajo y decido emigrar a algún país?¿y si me lío la manta a la cabeza y lo dejo todo por detrás, como hace unas décadas hizo mi abuelo emigrando a Venezuela?
   Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta: dejarlo todo y marcharnos (mi familia y yo) a lo desconocido. Evidentemente, habría que meditarlo y hacerlo bien, pero se haga como se haga, no puedes llevarte toda tu casa contigo, debes decidir qué dejas y qué te llevas, y claro está, no podrás llevarte mucho.
   Hace años que tengo sobre mi armario una maleta de madera, de esas decorativas, en la que guardo los "papeles importantes" (títulos de estudios, diplomas de cursos y notas escolares...), con la idea (macabra pero real) de "si hay un incendio y tengo que salir de mi casa corriendo, sólo cogiendo esa maleta tendré lo importante a salvo" (claro que salvando primero la vida de mi familia y la mía propia).
   ¿Sería posible meter en una maleta lo verdaderamente importante para ti, lo básico que te llevarías a otro país?
   Es una reflexión interesante pensar en esa idea: un incedio o un traslado urgente,  cosas ambas que se presentan cuando menos te lo esperas, son acicates para establecer prioridades.
   La clásica pregunta de "¿qué te llevarías a una isla desierta?" se convierte en "¿qué te llevarías si emigraras y sólo pudieras llevar una maleta?"
   El minimalismo te ayuda a ver las cosas con la suficiente perspectiva: al pensar en esa posibilidad, me sobraba espacio en la maleta para llevar lo que no quiero dejar por detrás.
   Ayuda saber que, si el próximo viernes me quedo sin presente y sin futuro, y, para que mis hijos puedan comer, tengo que marcharme, lo importante me cabe en una simple maleta, quizá esa de madera que adorna mi armario desde hace años.
   ¿Y tú, tienes espacio en tu maleta?

miércoles, 20 de junio de 2012

LO QUE APRENDES LAVANDO LOS PLATOS

             Es curioso lo que puedes llegar a pensar mientras lavas los platos: la cantidad de cosas que pueden pasar por tu cabeza en un minuto son innumerables...aunque, a veces, consigues centrarte sólo en lo que haces y entonces ¡guau!, tu mente descansa y entras en una especie de trance estupendo que tu cabecita atolondrada y estresada agradece enormemente.

Pero por regla general, lavas tus platos en medio de un montón de cosas que hacer y con prisas, y si es la loza de la cena, con sueño y ganas de terminar.

Sin embargo, en medio de esa vorágine de ideas, cosas pendientes y ensoñaciones, de vez en cuando surgen genialidades.

Te das cuenta de que lavar los platos es una metáfora de la vida:

Si lavas tus platos nada más terminar de comer, no se acumulan residuos: si lavas tus rencores nada más fabricarlos y perdonas, no acumulas resentimiento.

Si tus platos tienen restos de comida incrustada, es mejor dejarlos a remojo sólo con agua y lavarlos más tarde: las cosas más duras necesitan paciencia para resolverse, pero también acción (no dejar los platos al aire y sin remojo, sino actuar y esperar)

Si tienes pocos platos, terminas antes tu tarea: acumular posesiones entorpece tu vida y te quita tiempo para lo importante.

Si utilizas lavavajillas ecológico, no te harás daño a ti mismo (veáse dermatitis del anillo, por ejemplo) ni al medio ambiente: para hacer bien tu trabajo no necesitas dañarte a ti mismo ni a los demás.

Si tienes tus platos lavados, tu casa parecerá más limpia: el orden físico te otorga claridad mental.

Si tienes costumbre de dejar los platos apilados día tras día, se te hace una montaña lo de lavarlos: dejar los problemas sin resolver, para más tarde, no hace sino agrandarlos.

Dejar aunque sólo sea una cucharilla de café en el fondo de la pila, sin lavar, desluce tu trabajo: sé cuidadoso y esmérate en los pequeños detalles, porque pueden hacer la diferencia entre lo bien hecho y la chapuza.

Lavar tus platos con el grifo abierto es un despilfarro: no saber poner límites en tu vida, también.

Obsesionarte con la limpieza te hace ver gérmenes donde sólo hay vida: tus neuras te impiden recibir la vida tal cual viene y aceptarla tal cual es.

La lista puede ser aún más larga, pero no puedo seguir escribiendo porque...¡tengo que lavar los platos!

lunes, 11 de junio de 2012

O SOY RARA O ESTOY LOCA

   Con los tiempos que corren, sigo siendo optimista, sigo viendo la oportunidad en el problema y la solución en el equilibrio.
   Sigo creyendo en las personas por más que me defrauden, quizá porque cada vez acepto mejor que nadie es perfecto, ni siquiera yo.
        Sigo pensando que de la adversidad salimos fotalecidos y que de lo peor sale lo mejor que llevamos dentro.
   Sigo creyendo que es posible mejorar el mundo y que una sola sonrisa hace milagros.
   Ya no me ahogo en una vaso de agua, simplemente me lo bebo, respiro hondo y trato de salir del entuerto con un chiste.
   Intento ver el lado gracioso a lo inevitablemente gris y creo, todavía, que mientras hay vida, hay posibilidades.
   En medio de esta oscuridad cada vez mayor, encender cerillas no ahoga la negrura, pero sí ayuda a soportarla.
   Cuando miro a mi alrededor y veo tanto desánimo, tanta rabia, tanto odio, tantas "malas pulgas" (como dije en un post anterior), pienso "sí que soy rara" o como dice mi amiga Lo "que somos de otro planeta".
   Hundirse en el fango es fácil: sólo tienes que "no hacer" nada y además, obtienes la conmiseración de los otros.
   Salir airoso de ese mismo fango, y con humor británico, hacer un chiste elegante, es lo extraordinario.
   Y quienes caminamos por el fango sin hundirnos en él, sin identificarnos y convertirnos en fango, no somos extraordinarios: sólo queremos hacer extraordinariamente bien las cosas simples (como alguien dijo hace tiempo).
   Es por ello que digo que "o soy rara o estoy loca": es muy difícil encontrar, ahora, gente que aún conserve el sentido del humor y sea capaz de reirse de sí mismo (la mejor medicina contra el estrés), y algunos incluso se ofenden al ver que, contra viento y marea, sigues sin perder la compostura ante la injusticia y la estupidez.
   No perder la compostura no significa claudicar o ceder, o esconder la cabeza: significa saber que "si Dios tiene un plan para ti, no te dejará en la estacada"; saber que todo en esta vida tiene un fin y un propósito; saber que el único dolor que no cesa es el que no queremos olvidar; saber que después de la tormenta viene la calma y que no estamos solos ante el mundo.
   Y tú ¿también eres de esos locos raritos?

martes, 5 de junio de 2012

SIN DESPERDICIO

      Desde pequeños nos dicen eso de "cómetelo todo" y nos lo creemos, hasta que llegamos a la edad adulta y nos dicen que "hay que dejar algo en el plato para no parecer mal educados", y los que llegamos a la obesidad infantil mediante la presión del "no dejes nada", nos volvemos anoréxicos bajo el lema "no te lo comas todo".
   Nos volvemos fácilmente locos: pasamos los días contando calorías, siguiendo dietas, disociando alimentos, dividiendo las raciones...para acto seguido salir al "Mac carne" más cercano a atiborrarnos de lo primero que vemos...
   Y mientras tanto, las tres cuartas partes de la humanidad, aquí, cerca y allá lejos, pasan hambre: hambrunas periódicas o desnutrición crónica, da igual, la cuestión de fondo es que mientras a nosotros nos "comen el coco con la comida", muchos otros no tienen "ni coco para comer".
   ¿Cuál es la solución? Como siempre, nuestro amigo "Mínimus" viene al rescate: podemos (debemos) minimizar y minimalizar (convertir al minimalismo) nuestras despensas y volver a aplicar aquello de "cómetelo todo", aunque para ello, antes, llenemos sólo lo justo nuestros platos.
   Comida sencilla para sencillamente comer: nada de artificios, comidas precocinadas que saben a... nada, y que terminan en el cubo de la basura (con sus envases incluidos); nada de recetas complicadas con ingredientes incomprensibles que no quedan tan bien como la foto nos prometía; nada de despensas abarrotadas donde se caducan las latas de "alcachofas en salsa de caracoles" por no saber ni que estaban ahí.
   Si cocinamos sólo lo que vamos a comer, en vez de comernos todo lo que cocinamos, no tiraremos comida a la basura.
   Si cocinamos sólo comida y no envases, plásticos, carburantes para su transporte, colorantes, conservantes y todos esos "antes", tendremos un entorno más sano en el que producir verdadera comida.
   Si cultivamos comida en vez de venenos, a lo mejor no ocurrirá nunca más lo que le pasó a un amigo hace unas semanas: una intoxicación por fresas envenenadas (es decir, con tantos fitosanitarios incluidos, que casi le matan a él).
   Cómete sólo lo que realmente necesitas, compra sólo la auténtica comida que de verdad te vas a comer: quizá así, con estas sencillas pautas podremos acabar de un plumazo con dos vertientes de un mismo problema: el hambre y la obesidad.
   ¡Buen provecho...sin desperdicios!

lunes, 21 de mayo de 2012

HAZ DE TU CASA UN ASHRAM

              Para el que no lo sepa, según ese pozo de sabiduría net que es la wikipedia, un ashram es “un lugar de meditación y enseñanza hinduista, tanto religiosa como cultural, en el que los alumnos conviven bajo el mismo techo que sus maestros”; además dice que “la vida en los āśram es sencilla y tranquila para facilitar así el estudio de los textos védicos y la meditación. La actividad diaria se rige por una serie de horarios fijos que marcan cada una de las actividades del día. Una parte de las tareas cotidianas se dedican al mantenimiento del propio āśram.”
En otra página de la nube dice “es usual que los ashrams sean lugares muy artísticos y hermosos, que hacen de ellos lugares muy atractivos para muchas personas, donde encuentran momentos de paz y de conexión con el mundo y su naturaleza, ya que además de la devoción a Dios, en los ashrams se promueve el amor espiritual hacia todos los seres, incluyendo las plantas y los animales, quienes merecen un tremendo respeto por la comunidad”.

Y ahora me dirán “esta tía se ha vuelto más rarita de lo que ya era”. Y es posible, pero voy a exponer una idea que me ronda por la cabeza desde hace tiempo.

La vida diaria es, queramos o no, muy estresante. Cuando crees que tienes todo bajo control, un sinvergüenza te machaca el coche y se da a la fuga, tu hijo se enferma de escarlatina o Hacienda te requiere, por tercera vez consecutiva, un documento que ya has entregado.

En el trabajo puede que estés soportando malos humores o que estés de un humor de perros rabiosos porque no tienes trabajo.

Y cuando llegas a casa ¿qué quieres encontrar?¿qué agradeces más?

A eso me refiero cuando hablo de convertir tu casa en un Ashram: no la convertirás en un monasterio hinduista, pero si en un lugar de paz y sosiego, en el que resguardarse del mundo.

Para ello, como en un Ashram, debes tener pocas posesiones y el ambiente debe ser despejado y austero, pero sin embargo hermoso. Ordena tus tareas domésticas para hacerlas con alegría, cocina tu propia comida, por humilde que sea, agradeciendo a la naturaleza sus dones, porque rodearte de orden te ordena las ideas, rodearte de belleza te alegra el corazón y agradecer tu convierte en una mejor persona.

Así que te propongo que, cuando entres en tu casa, sea como sea ésta, piensa que entras en un templo: sacraliza tus metros cuadrados bajo techo, descálzate al entrar o al menos quítate los zapatos y quédate con los calcetines (además ayudarás a mantener más limpio el suelo).

Cámbiate de ropa (ponte tu “hábito” para diferenciar entre lo de fuera y tu “templo”), ponte cómodo/a, pon música suave y quizá, si te gusta, puedes hacerte un té y encender una barita de incienso, por ejemplo ( o lo que consideres mejor).

Como dice el viejo proverbio, con las monedas que te queden para comprar dos panes, cómprate uno y con el resto, cómprate una flor: alimenta tu cuerpo tanto como tu espíritu, de manera que exista equilibrio en tu vida (material y espiritual).

Haciendo esto, revistiendo de espiritualidad tu mundo hogareño, no sólo serás más feliz allí (y los que comparten tu espacio también), sino que esa paz te ayudará a combatir y soportar los reveses de la vida “extramuros” (es decir, fuera de tu particular “convento”).

viernes, 11 de mayo de 2012

MALAS PULGAS

       Este post no va de perros ni de gatos, va de pulgas. De malas pulgas, de esas pulgas que les han picado a algunas, por no decir muchas personas a mi alrededor.
   De acuerdo, estamos en una recesión económica brutal, hay demasiada gente pasando hambre, miseria y penurias, ya hemos llegado a casi un 25% de paro y no vemos la luz al final del tunel ni "jartos de grifa", como se dice por aquí.
   Tenemos derecho a estar hasta donde no se nombra (ver post anterior, sin ir más lejos), y la indignación puede y debe ser mayúscula...todo eso es cierto, pero ¿la culpa la tiene tu vecino?¿tu pareja?¿tus hijos?¿tus compañeros de trabajo (si aún tienes trabajo)?
   Definitivamente, no.
   Reconozco que la culpa de que te inscribas en el paro (la mayor empresa de este país), puede tenerla, de manera directa, tu jefe (es quien te despide), pero no creo que cerrar la empresa o despedir a la mitad de la gente que le ha ayudado a levantarla sea la mayor aspiración de tu jefe (independientemente de que sea un... y mucho más).
   Tendemos a no ver más allá, quizá por miedo o por saber que ir hacia la raíz del problema supone una valentía que muy pocos tienen: la culpa de esta crisis no la tiene tu jefe, ni tu vecino, ni los funcionarios, ni la policía (que también son funcionarios), ni los políticos ¿?, ni los bancos ¡¿?!... Sí, has leído bien, ni siquiera esos: la culpa es... ¡NUESTRA!, es decir, de todos, de todos los que nunca nos hemos parado a pensar en el poder que tenemos si nos unimos; de todos los que hemos vivido hasta ahora egoístamente, mirando para otro lado cuando los problemas eran ajenos; de todos los que nos hemos apoltronado delante de la televisión para tragar lo que nos pongan y creernos todo lo que nos dicen; de todos los que hemos soportado que nos manipulen y aunque en el fondo lo sabíamos, nos hemos hecho los tontos creyendo que en realidad estábamos muy enterados de lo que se cuece en el mundo; de todos los que hemos derrochado los recursos y hemos entrado a saco y sin anestesia, en el consumismo feroz sin cuestionarnos si eso tan barato tenía que pagarse algún día.
   Desde luego, la culpa de la crisis no la tienen aquellos que nunca han tenido nada, que se han dedicado a subsistir como han podido, que han contribuido a mejorar la calidad de vida de sus semejantes y a vivir sencillamente, pero son éstos los que más amargamente están pagando el precio: los jubilados, sin ir más lejos, son ejemplo de ello.
   Pero es más fácil descargar la furia, la rabia contenida y la impotencia en los niños o las parejas(el aumento de la violencia doméstica es un dato evidente); en los compañeros de trabajo (y sobre todo en aquellos jerárquicamente inferiores) y en los ancianos.
   Ya está bien de violencia: admitamos, por más que nos duela, que nuestro comportamiento autoindulgente ha sido el que nos ha llevado a estar así, y que tratando a nuestros semejantes como a cosas no solucionaremos el problema.
   Sólo cuando admitamos que juntos podemos, que olvidandonos de nosotros mismos lograremos revasar esta noche oscura, que la unión hace la fuerza y que el despertar de nuestras conciencias será el catalizador que nos impulse a vivir de otra manera, más lógica y humana, sólo así y sólo entonces, saldremos adelante.
  La humanidad ha olvidado una lección que tenía bien aprendida hace miles de años: somos los seres más débiles e indefensos de la naturaleza, sólo aunando esfuerzos y colaborando entre nosotros hemos llegado a ser lo que somos.
   Volvamos a aprender esta lección y no la olvidemos más.

lunes, 23 de abril de 2012

LO SIENTO PERO...

     Siento tener que hablar de esto, pero, al que no le guste, que mire para otro blog o para otro lado, como prefiera.
     Lo que voy a contar ahora raya en lo absurdo y en lo obsceno, si se me permite la expresión, y ya sé lo que muchos me contestarán, pero...
     ¡Ya está bien!¡Que la culpa de la crisis no la tenemos los funcionarios!¡Que hay mucha demagogia y muy poco fundamento en lo que dicen por ahí!
     Bueno, ya me desahogué, y ahora, calmadamente, me explicaré.
     Sé que hay demasiada gente sin trabajo, gente con cualificación de sobra y gente sin ella, joven, mayor, con hijos, sin ellos, pasando hambre, desahuciados por los bancos (¿por qué se creen que recomiendo el blog “sindinero”?).
     Pero, me pregunto yo ¿existe en alguna Administración local o en algún Ministerio, un “Negociado de Creación de Crisis Económica”?¿Somos los funcionarios mileuristas los culpables de que otros ya no sean ni mileuristas?
     El Gobierno Canario pretende rebajarnos otro 5% del sueldo a todos los funcionarios, independientemente de lo que ganemos, pretende subir el precio de los carburantes, quitarnos la paga de Navidad o dejarla en simple “palmadita en la espalda”, dejarnos sin ayudas sanitarias o al estudio, etc, etc, y todo ello porque estamos en crisis, pero... ¡ellos no se bajan sus sueldos que precisamente no son mileuristas, ni pierden sus tarjetas Visa, ni tienen que pagar sus desplazamientos porque los viajes entre islas por avión o barco, se los seguiremos pagando todos, semana tras semana, año tras año, ni, por supuesto, se quedarán sin paga extra en verano o en Navidad!.
     Si, la rabia ante esta situación caótica hace que mucha gente tire piedras contra los funcionarios, pero... ¿quién les tramita las ayudas sociales?¿o  las becas para que sus hijos estudien?¿quién les resuelve los problemas con las multas de tráfico?¿quién les atiende cuando van a la consulta del médico en el Centro de Salud?
     La próxima vez que vayan a insultar a los funcionarios por tomar café piensen cuántos bares y cafeterías subsisten gracias a los desayunos y los cafés de los funcionarios.
     La próxima vez que critiquen a los funcionarios por sus “altos sueldos”, hablen con los auxiliares administrativos o los subalternos de su Ayuntamiento, y verán que ninguno de ellos llega a los soñados mil euros.
     Y la próxima vez que sientan la tentación de cargar contra los funcionarios (que incluyen a su médico/a, su enfermero/a, a los profesores de sus hijos, al chiquito ese de Servicios Sociales que les está ayudando a tramitar la pensión no contributiva del abuelete con la que podrán sortear mejor la crisis, etc), carguen primero contra la privilegiada clase política, esos que no se bajan ni un céntimo y que realmente “no pegan un palito al agua” y sí se pasan la mañana tomando café (y dejándolo sin pagar, que también se da el caso).
     Ahora, como las cifras cantan, les dejo, para su conocimiento y a los efectos oportunos, un cuadro comparativo de lo que supone para el 90% de los funcionarios de esta país, una rebaja del 5% en su salario:
Sueldo de 600 euros=30 euros (gasolina para medio mes)
Sueldo de 1000 euros=50 euros (los desayunos de todo el mes)
Sueldo de 1200 euros=60 euros (la factura de teléfono)
Sueldo de 1500 euros=75 euros (una compra semanal para una familia numerosa comprando marca blanca)
Sueldo medio de político: 4000 euros-5%=200 euros (otro par de zapatos, que no desgata porque va en coche oficial del que no paga la gasolina)
     Saquen sus propias conclusiones y luego, decidan a quién van a insultar.
     Es todo lo que esta funcionaria interina tiene que informar.

jueves, 12 de abril de 2012

RETOS

       Para avanzar en la vida es necesario saber hacia dónde vamos.
   Para saber hacia dónde vamos, debemos tener claro de dónde venimos.
   Para saber hacia dónde vamos, debemos saber primero si queremos ir, cómo y qué camino es el que nos llevará hacia nuestra meta.
   Necesariamente, debemos tener un plan de ruta, pero antes de nada, para que el movimiento se demuestre andando, debemos tener un propósito, es decir, una meta.
   Hay quien dice que la vida no debe tener metas, porque la meta es un final, y si te marcas llegar a esas metas, después ¿se acaba tu vida?
   Quizá la palabra correcta no sea entonces "meta", y sería mejor hablar de "retos": cosas que quieres hacer antes de morir.
   Es interesante plantarse de vez en cuando y decidir qué retos afrontaremos de ese momento en adelante y cómo lo haremos: no se trata sólo de soñar, sino de materializar esos sueños.
   Cada reto que conseguimos es un paso en nuestra vida, pero un paso hacia donde nos hemos planteado llegar, y un paso que alimenta nuestra autoestima.
   Quedarnos estancados en los sueños, en las ilusiones de "algún día haré esto o lo otro" no es más que vanidad, y no causa, a la larga, más que frustración.
   Los retos no necesariamente tienen que ser grandes (no hace falta escalar el K2), pero deben ser significativos: aprender a nadar o a montar en bicicleta pueden ser retos pequeños a los ocho años, pero muy grandes a los cuarenta; sin embargo, se tenga la edad que se tenga, plantearse esos retos y llevarlos a cabo, es gratificante.
   Este comentario está dedicado a las personas que, como mi amiga Carol, han decidido, y están realizando, el reto de estudiar una carrera universitaria a los cuarenta años, compaginándolo con su trabajo y su vida familiar.
   Un sonoro aplauso por todos aquellos que saben que la vida está para vivirla intensamente y hacer realidad los sueños, no para esperar que la "magia" nos conceda lo que deseamos sin arriesgar ni poner nada de nuestra parte.

lunes, 26 de marzo de 2012

LOS SECRETOS DE LA FELICIDAD

            Todos buscamos la felicidad, ¿quién lo niega?, pero ¿eso qué es?
            Cada uno de nosotros tiene una idea propia de lo que significa, pero desde luego, todos podemos reconocer la felicidad en las personas que nos rodean.
            Sabemos, nada más verlos, quiénes son felices y quiénes no.
            Veamos algunas características que he encontrado en las personas felices, que nos pueden orientar a la hora de conseguir tan ansiado tesoro.
            Las personas felices...
            Se cuidan: se asean, se peinan (van a la peluquería), se visten con colores alegres o que les quedan bien, tienen estilo vistiendo (cada uno el suyo, pero estilo al fin), se perfuman, se dan cremitas o aceites después de una ducha calentita y reconfortante, se alimentan bien (desayunan como es debido, no un triste café a prisas), toman moderadamente el sol, hacen ejercicio (al menos caminan al aire libre), disfrutan de la naturaleza (la montaña, el mar, los amaneceres, los atardeceres...), comen frutas y verduras mayoritariamente, beben con moderación, duermen a pierna suelta las horas que les pide el cuerpo...
            Sonríen: no esbozan una mueca en la que enseñan los dientes, sino que sonríen con toda la cara, sinceramente, transmitiendo alegría.
            Saludan: sus “buenos días” suenan a música y no a ladridos.
            Conocen tu nombre: puede que sólo te hayan visto dos veces, pero si te han presentado, recuerdan tu nombre. Reconocerás a las personas felices porque son de las que llaman a las cajeras del supermercado por su nombre y les arrancan una sonrisa después de diez horas de trabajo por una mísera nómina.
            Hacen algo por los demás: son altruistas, están metidos en alguna ONG, Asociación o Grupo de ayuda de cualquier tipo, desde protectoras de animales hasta comedores sociales; sea lo que sea, hacen cosas por los demás porque consideran que deben hacerlo y se sienten bien con ello.
            Gozan de buena salud: inexplicablemente los resfriados pasan por su lado sin tocarlos y los virus sienten una especial alergia ante las personas felices, que prácticamente nunca visitan a su médico (con el que sin embargo, tienen una estupenda relación)
            Tienen amigos que son felices: las personas felices atraen a personas felices, y aunque se dediquen a los demás y traten a todo el mundo, sus amigos no son nunca personas “tóxicas” sino gente estupenda.
           Saben perdonar, saben que el rencor y el resentimiento no les hace bien, ni a ellos ni a nadie, y dejan que el amor gane la batalla.
           Tienen algún tipo de vida espiritual, practican alguna religión o filosofía de vida, y encuentran momentos a diario para alimentar su alma.
           Son creativos: pintan, escriben, tejen bufandas o cocinan, pero ponen su granito de arena en la creación de un mundo más hermoso.
          Disfrutan de la vida tal y como es, con sus penas y alegrías, y, aunque también lloran, como todo el mundo, saben que después del llanto viene la alegría y que siempre hay motivos para seguir adelante.
         ¿Y tú, eres feliz? Y si no lo eres, ¿quieres intentarlo? Pues venga, empieza por quererte a ti mismo, luego ya puedes querer a los demás, y por último, pasa esta información a todos los que conoces, es así de fácil, pero, eso sí, empieza ahora y no desfallezcas (el secreto está ahí).

lunes, 19 de marzo de 2012

LA CAUSA DEL SUFRIMIENTO ES EL APEGO

    Ya lo dijo Buda, y lo repite Chocobuda en su blog, que la causa del sufrimiento es el apego.
   No soy budista, pero reconozco una gran verdad en cuanto la veo, y si por algo ha tenido y tiene la filosofía-religión budista tantos seguidores es porque la verdad se esconde en sus enseñanzas (hasta el Catecismo de la Iglesia Católica reconoce rastros de verdad en todas las religiones, así que...)
   La causa de nuestro sufrimiento es el apego: la necesidad de posesión, ya sea de cosas materiales o de personas, incluso la necesidad de poseer la verdad o al mismo Dios/a, nos causa dolor al no poder materializar esa posesión exclusiva.
   Como seres humanos necesitamos pertenecer a algo (grupo, tribu, familia, amigos, clubes, etc...), para socializarnos y ser realmente de la especie humana; pero una cosa es pertenecer y otra ser dueños de alguien.
   Siempre se ha dicho que si quieres saber si alguien te quiere, déjalo libre: si regresa es que te quiere, y si no, déjalo ir porque su amor no era verdadero.
   Esta reflexion sirve tanto para los que viven como para los que han muerto: dejar marchar a los que ya no están es duro, pero retenerlos en nuestro anhelo por hacerlos regresar es inútil y doloroso.
   Intentar por todos los medios (legítimos y no tan decentes) retener a nuestro lado a la persona amada, no hace más que lastimar a esa persona y a nosotros mismos.
   Claro que sería más tranquilizador saber que nunca se irán de nuestro lado, pero la vida, amigos míos, no se hizo para estar tranquilos.
   Aferrarnos a las cosas porque nos recuerdan a las personas o al tiempo que se fue, nos hace daño: es como hurgar en una herida que quiere sanar pero no la dejamos seguir su curso natural de sanación.
   Así que, por más que nos pese, aunque dé pánico, hemos de desprendernos de ese sentimiento de propiedad que tenemos metido en el alma, hasta el tuétano, y comprender que, si no somos escalvos de nadie ¿cómo podemos pretender que otros sean nuestros esclavos y nos pertenezcan?
   Fluye con la vida y déjala fluir, que, como los ríos, la vida siempre deja en la orilla lo que no debe marcharse y se lleva con ella lo que debe irse.

lunes, 12 de marzo de 2012

TENER MENOS: LA VERDADERA LIBERTAD

   Voy a contar una historia triste, pero, aunque parezca exagerada, real como la vida misma. Voy a contar la vida como si fuera un cuento, que es la mejor manera de aprender las cosas, para ver si así esta experiencia sirve para alentar a más personas a valorar la vida como es, sin artificios.
   Había una vez una familia: un padre que fundó una empresa junto a sus hermanos y otro socio; una madre de las de "toda la vida" que se pasó "toda la vida" cuidando de sus seis hijos, hijos que crecieron y en su mayoría decidieron trabajar con su padre en aquella empresa a la que dedicaron los mejores años de su vida.
   Pasó el tiempo: el padre murió víctima de una enfermedad extraña e incurable, y mientras tanto, aquella empresa también enfermaba de "crisis" y moría al poco tiempo dejando deudas y acreedores, mientras los otros socios se daban a la fuga con gran parte del dinero que habían acumulado en tantos años.
   Finalmente, aquella familia que con gran sacrificio había logrado tener tantas cosas, se vio de la noche a la mañana, en menos de dos años, en la calle y si nada: el embargo les quitó todo (casa, terrenos, coches...)
   Se habían pasado toda su vida trabajando para ver cómo, con la crisis, se hundía su negocio, sus socios se evaporaban llevándose el fruto del trabajo y todo aquello que consiguieron se lo arrebató el banco.
   Solamente uno de los hermanos, que renunció a la herencia del padre (terrenos, casas, coches, pero también acciones de aquella empresa y sus correspondientes deudas) y decidió vivir sólo de su humilde trabajo, evitó perder lo poco que poseía: quedarse con poco le sirvió, dos años después, para conservar ese poco y no perderlo todo.
   A ese hermano del que todos decían que estaba loco por renunciar a una herencia, ahora lo miran con asombro los que se llevan las manos a la cabeza pensando que el juez les ha quitado su casa y aún así deben seguir pagando sus hipotecas.
   Son historias reales, no es un cuento de lobos y caperucitas: esto está pasando en este preciso momento, y me lleva a la reflexión, profunda y convencida, de que tener menos nos libera.
   "No es feliz el que más tiene sino el que menos necesita", dicen por ahí, y es cierto. Yo añadiría que no es más feliz el que más tiene, sino más libre el que menos atesora.
   La libertad de salir corriendo con lo puesto sólo la tiene quien sabe que sólo él /ella se basta, que su "valor" no reside en la cantidad de camiones que precise para la mudanza, sino en aquello que nadie podrá arrebatarle nunca porque está en su interior, no en su cartera.
   Definitivamente, tener menos es la mejor opción: no pierdes porque no tienes, no cargas porque no tienes, no añoras porque no deseas, y el apego que pudieras sentir hacia las cosas es inexistente si no hay cosas.
   La verdadera libertad está en no apegarse a nada ni a nadie, en no "necesitar" sino en ser "necesario", "útil" a los demás.
   Si pones tu valía en tus cosas y posesiones te arriesgas a que cualquier juez determine que ya no vales nada porque te lo quitan todo. Pero ¿qué juez puede quitar nada a quien nada tiene? Ese es el mayor tesoro, el que nadie te puede robar.

jueves, 8 de marzo de 2012

FELIZ DIA DE... ¿QUÉ?

   Supuestamente hoy se celebra el día de la mujer trabajadora, y digo supuestamente  porque opino que trabajar lo hacemos todos (los que podemos), independientemente del sexo que tengamos y lo hacemos todos los días.
   Coincido con mucha gente (hombres, mujeres e incluso niños) que piensan que ¿por qué un día de "la mujer trabajadora" y no del "hombre trabajador"?
   Nosotras mismas nos excluimos del sistema cuando creamos estas "historias" alrededor de algo que, afortunadamente, es cada vez más normal.
   Y digo afortunadamente porque mis hijos no entienden eso de "día de la mujer trabajadora": ellos no ven diferencias entre hombres y mujeres (repito, por suerte) y reivindican, con sus escasos años, que se celebren días de los trabajadores (todos) y punto.
   Para mis hijos es normal que hombres y mujeres hagan lo mismo, porque lo ven por todos lados: sus maestras, la directora del Colegio, su pediatra, su enfermera, su profesora de música (directora de la banda de música, además), la jefa de su padre, la Presidenta de nuestra Administración...todas son mujeres... y ven cómo hombres y mujeres realizan las mismas tareas: en casa su padre y su madre hacen las mismas cosas, ven correr por la mañana a los soldados hombres y mujeres por la Avenida Marítima cuando los llevamos camino de la escuela...
   Nada haría más por la igualdad que vernos tal como somos ahora (independientemente del camino que aún queda por recorrer): personas que desempeñan su función en la vida.
   La igualdad no puede anular o maquillar la esencia de cada cual: las mujeres y los hombres tenemos derecho a ser diferentes y a vivir esa diferencia con orgullo y dignidad, pero sabiendo que en derechos y obligaciones hablamos de personas y no de sexos.
   Miremos el mundo como lo ven los niños: ¿qué tanta historia y escandalera con lo del día de la mujer?¿no somos todos iguales, personas y ya está?
   Así que, desde esa perspectiva, feliz día de las personas.

sábado, 18 de febrero de 2012

CONECTANDO EN LA CAFETERIA

No, no voy a hablar de zonas Wifi, el título de este post tiene que ver con la verdadera conectividad entre seres humanos.
Ayer por la mañana salí a tomar un café y me encontré con una compañera de trabajo: en mi Administración somos unos 800 en total, de los cuales 300 trabajamos en oficinas, con lo cual puedes conocer a muchos, pero no a todos, y de la mayoría sabes que son compañeros pero nada más.
Este era uno de esos casos, apenas sabía su nombre, pero como sabemos que somos compañeras, nos pusimos a hablar en la cafetería.
El tema derivó hacia los hijos, en concreto cuando llegan a la edad del tormento, es decir, la adolescencia, y de allí, a la edad feliz, es decir, la infancia.
De pronto, veo que a esta compañera se le llenan los ojos de lágrimas y me cuenta que perdió a su primer hijo cuando éste tenía trece meses. Aunque después de aquello tuvo dos hijos más y de eso habían pasado ya veinte años, lloraba porque en su momento no lo hizo: lo asumió y siguió para adelante, pero no lloró y ahora, con los años, de vez en cuando le embarga la pena y da rienda suelta al duelo que no afloró cuando tuvo que hacerlo.
Conectamos, no porque a mi me haya pasado algo parecido (afortunadamente), sino porque ambas estábamos de acuerdo en una cosa: el amor que nace con el hijo/a es único, y único para cada uno, la conexión entre madre e hijo/a es tan grande que no puede compararse a ninguna otra que puedas establecer con otra persona.
Conectamos porque nuestros ancestros nos decían que somos iguales, mujeres que somos madres, que hablamos el mismo idioma, que hemos vivido las mismas sensaciones y hemos pasado por las mismas experiencias catárquicas (un parto siempre lo es, una transformación arrebatadora, porque tu vida ya no vuelve a ser la misma).
Conectamos porque una de nosotras hablaba, desbordando sus sentimientos, mientras la otra escuchaba, recibiendo todo ese amor que no tenía a dónde ir desde que el hijo había muerto, porque como decía ella, “aunque tengas muchas más, ese hueco no lo llena nadie”.
Fue duro, pero hermoso, ver como una persona que apenas conoces puede apoyarse en ti y confiarte algo tan íntimo, sólo porque “detecta” que eres alguien capaz de escuchar esas palabras desde la empatía.
Agradezco a esta compañera sus palabras, su confianza (aunque es posible que no nos veamos en mucho tiempo y que cuando lo hagamos sólo haya un “hola, qué tal”) y el haber compartido conmigo la magia de su amor de madre.
Sus palabras finales fueron hermosas, tremendamente hermosas, palabras que sólo el amor puede hacer brotar: “No tengo miedo a morir, porque yo, al contrario que los demás, sé que quien me espera es mi hijo”.


jueves, 16 de febrero de 2012

HORROR VACUI

    Hace algún tiempo, el entrañable Chocobuda dijo algo sencillo pero demoledor en uno de sus post:
    "Identifica lo que para ti es realmente importante para vivir.Desecha todo lo demás"
    Parece de una simplicidad mortal, pero casi nadie sigue estos dos humildes consejos ¿por qué?
    “Horror vacui” dice el latinajo: horror al vacío, frase que se aplica al estilo barroco, en el que se mezclan en tropel todos los elementos estéticos habidos y por haber en cada obra de arte.El exceso de barroco se llama rococó, y ambas palabras se relacionan hoy en día con la exageración en el adorno.
   Muchos de nosotros también tenemos, de una forma u otra “horror vacui”: tenemos miedo a quedarnos sin cosas porque esas posesiones desvían nuestra atención y así no reconocemos el vacío interior: rodearnos de cosas, personas, obligaciones... nos impide estar con nosotros mismos, esa persona a la que tanto miedo tenemos.
    De esta forma se justifica que haya personas capaces de soportar las burlas crueles de sus “amigos” con tal de no estar solos; o de sufrir a una pareja destructiva con tal de no encarar la soledad; o de lidiar con una familia desestructurada y desestructurante para no verse “desamparado”.
    Si para nuestras circunstancias personales aplicáramos las dos frases reseñadas por Chocobuda (identifica lo importante y desecha lo demás) ¿cómo y cuánto cambiaría nuestra vida?
    ¿Seguiríamos en un trabajo impersonal o agobiante?¿Seguiríamos apuntados al gimnasio, siendo Presidentes de la Asociación de Vecinos, y del Club de Simpatizantes de las Zanahorias Verdes, y en la Junta de Accionistas del Macanudo Fútbol Club, además de asistir a clases de guitarra los lunes, de ajedrez los jueves y de cocina alternativa los martes y viernes (todo eso al mismo tiempo)?
    En nuestras vidas barrocas o de estilo rococó (depende del grado de complicación que le queramos dar), plantearnos que sólo lo que es realmente importante merece la pena y llevar a cabo el “plan de limpieza”, supone un auténtico terremoto: dejaríamos esas relaciones tóxicas (familiares, amistosas o de pareja) y nos quedaríamos con los verdaderos amigos, la verdadera familia y el verdadero amor (aunque sea el amor a nosotros mismos); dejaríamos de soportar estoicamente los abusos del Jefe o de los compañeros de trabajo y les plantaríamos cara (a veces con sólo decirles que estás harto, te dejan en paz; otras veces, te despiden); dejaríamos de acumular pertenencias (cosas físicas o carnés de “pertenencia” a uno u otro club); dejaríamos de conservar recuerdos inútiles (físicos o mentales); y así un largo etcétera.
    ¿Qué vacío nos da miedo enfrentar? ¿Somos conscientes de que todos tenemos esos mismos miedos, y que la única manera de vencerlos es enfrentarnos a ellos?
    Dale un susto al miedo, pon tu pie en la cuerda floja y verás que el camino se allana y se engrandece: parece magia pero en realidad es valor, el valor de enfrentarse a uno mismo, de asumir nuestra parte oscura y, desde ahí, buscar la luz.
    Después de esta parrafada espiritual, párate a pensar en esas dos frases: identifica y desecha, porque la clave de tu felicidad está encerrada en ellas, te lo aseguro.