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jueves, 18 de octubre de 2012

MINIMALISMO DE CONVENIENCIA

   El minimalismo está muy bien, hasta que deja de estarlo...
   Mientras lo de reducir y tener 33 cosas en el armario era una decisión libre, era "cool"; cuando tienes 10 cosas en el armario porque no tienes dinero para comprar más, ya no es tan "in".
   Mientras lo de tener un coche pequeño era una forma de reinvindicar la diferencia, era exótico y tema de apasionado debate entre los compañeros de trabajo, estaba bien; cuando tu coche es pequeño porque vendiste aquel enorme cochazo que no podías pagar, ya no tiene tanto encanto.
   Este es el pensamiento de algunas personas que, con la crisis, se han dado cuenta de que sus reivindicaciones eran solamente banderas de conveniencia.
   Sucede lo mismo con los sindicalistas que no van a la huelga porque dejan de cobrar ese día, o con los católicos que sólo lo son en bodas y comuniones pero no pisan una iglesia en años (aunque se consideren muy católicos).
   Todo lo nuevo tiene encanto, hasta que deja de ser nuevo, pero cuando tus ideas son algo más que modas, sabes que estás en el camino adecuado.
   El minimalismo es, ante todo, un estilo de vida, no una moda, y ante la crisis económica, los minimalistas militantes debemos serlo aún más: concienciarnos sobre la utilidad de nuestras posiciones, sobre la realidad de nuestras ideas.
   El minimalismo no es la respuesta a la crisis, no solucionará el paro ni logrará sacarnos de esta recesión, pero sí es el camino para no volver a caer en los errores que nos han dejado como legado este panorama.
   Desear más y acumular sin sentido nos ha traido hasta aqui; desear menos y no acumular no nos sacará de aquí, pero nos abrirá los ojos a la verdad.
   Si eres de los minimalistas que llegaron a este modo de vivir por moda, plantéate si no es hora ya de asumir que esa moda sirve para algo más que para diferenciarte.
   Si eres de los que viven el minimalismo como una fuente de inspiración para una vida más auténtica, no sucumbas al desánimo: esta es la vía hacia una nueva historia, la de la mesura y el equilibrio que todos buscamos y necesitamos.

domingo, 12 de agosto de 2012

MÁS ES MENOS, DEFINITIVAMENTE

   Le pese a quien le pese, más siempre es menos.
  Eso es algo que sabemos los aprendices de minimalistas que habitamos estos espacios cibernéticos y los mundos reales.
   Sin embargo, a nuestros políticos y dirigentes no se les mete en la cabeza, y creen, erróneamente, que trabajando o permaneciendo más horas en la escuela o en las oficinas, redimos más.
   Pues siento disentir con ellos, otra vez: a menor tiempo para ejecutar una tarea, mayor rapidez en su ejecución.
   Si no fuera así, ¿por qué rayos habrían de esforzarse los atletas en las Olimpiadas por arrancar unas décimas de segundo a sus propias marcas y llegar antes que el otro?
   Si tienes un objetivo que cumplir y poco tiempo para ello, te centras, te concentras y lo haces; si tienes toda la mañana para mover dos papeles, se te pasará la mañana y moverás uno solo.
   A esa locura de tenernos a todos más horas "pringando", la llaman productividad.
   Los funcionarios no nos vamos a volver más productivos por trabajar media hora más al día: si nos bajan el sueldo, nos quitan la paga de navidad, los días de asuntos propios, los días por antigüedad, etc, y nos aumentan la jornada laboral, estaremos igual de motivados que los niños japoneses después de las maratonianas sesiones escolares.
   Los niños en los colegios, con horarios de trabajo que abarcan desde las siete de la mañana hasta las tantas de la tarde, más las horas extras de deberes y las actividades extraescolares, no se convertirán por ello en pequeños genios ni en supernenes capaces de inventar con ocho años la vacuna contra el SIDA o enviar cohetes a Andrómeda.
   Los niños tienen que jugar, por imperativo legal (así lo reconocen los Derechos del Niño), y sus padres funcionarios (o no) tienen derecho a estar con sus hijos.
   Ni ellos ni nosotros somos esclavos, pero los políticos, adalides de la supuesta "productividad" derivada del agotamiento físico y mental, nos convierten en títeres, máquinas de producir dinero para llenar sus "bolsillos", perdón, sus "crisis económicas".
   Aumentando nuestra ya enorme e inhumana jornada laboral, no hacen más que eliminar el derecho de nuestros hijos a jugar, a tener una familia que les acompañe y les cuide (que también es un Derecho internacionalmente reconocido), y como dicen los americanos en su Constitución, "el derecho a la búsqueda de la felicidad".
   No se puede trabajar desde las siete y media hasta las tres, o desde las ocho hasta las tres y media, con un miserable descanso de treinta minutos, por mucho menos salario del que teníamos con media hora menos al día, pensando que nuestros pequeños tienen que levantarse a las seis de la mañana para llegar a un colegio a las siete del que saldrán a las tres y media o cuatro de la tarde, completamente agotados, como sus padres.
   No se puede soportar eso y mostrar una estóica sonrisa ante los ciudadanos, mientras nuestros políticos (concejales, consejeros, etc), siguen cobrando lo mismo, entran a la hora que les da la gana, se marchan cuando quieren, y tienen de vacaciones, todos los días que se les antojan (sin la obligación legal de tratar bien a los ciudadanos ni a los funcionarios).
   Para muestra un botón: mi Jefe de Sección, tuvo que retrasar este año (otra vez) sus vacaciones una semana, para dejar resueltos unos "asuntillos" que le solicitó a última hora el Consejero. Lo dejó resuelto sacando horas de donde no las tenía, dejando a su familia colgada (otra vez, como tantos veranos), y, a cambio, el Consejero, ni siquiera le dió las gracias el último día ni le deseó unas buenas vacaciones.
   ¿Cómo nos motivarán para seguir atendiendo al público? ¿De la misma manera que motivan a los niños en el aula sobrecargándolos de responsabilidades y trabajos que ni un adulto es capaz de soportar?
   Caiga sobre la conciencia de todos estos que imponen su sistema caduco e inútil a una sociedad harta, el daño que nos infrigen.

lunes, 9 de julio de 2012

TU VIDA EN UNA MALETA

   La situacíón económica es tan pésima, que la palabra "emigración" suena cada vez más, incluso entre los funcionarios.
   El ritmo de reformas es tan brutal que no sabemos si, tras la pérdida del horario de verano (reducir la jornada una hora los meses de julio, agosto y septiembre), nos enviarán a las filas del paro a todos los interinos el próximo viernes (los famosos viernes negros).
   Como hoy comentaba un compañero, "los funcionarios a estas alturas, somos como los pasajeros de los aviones del 11 S: sabemos que este avión (la administración) se va a pique y nosotros somos los que vamos a estrellarnos, no hay salvación, lo único que no sabemos es cuánto tiempo más estaremos volando".
   Consideraciones políticas aparte, suena cada vez más, como decía, la frase "voy a emigrar a...(Alemania, Uruguay, Chile...)", y de ahí este post: ¿y si el próximo viernes me quedo sin trabajo y decido emigrar a algún país?¿y si me lío la manta a la cabeza y lo dejo todo por detrás, como hace unas décadas hizo mi abuelo emigrando a Venezuela?
   Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta: dejarlo todo y marcharnos (mi familia y yo) a lo desconocido. Evidentemente, habría que meditarlo y hacerlo bien, pero se haga como se haga, no puedes llevarte toda tu casa contigo, debes decidir qué dejas y qué te llevas, y claro está, no podrás llevarte mucho.
   Hace años que tengo sobre mi armario una maleta de madera, de esas decorativas, en la que guardo los "papeles importantes" (títulos de estudios, diplomas de cursos y notas escolares...), con la idea (macabra pero real) de "si hay un incendio y tengo que salir de mi casa corriendo, sólo cogiendo esa maleta tendré lo importante a salvo" (claro que salvando primero la vida de mi familia y la mía propia).
   ¿Sería posible meter en una maleta lo verdaderamente importante para ti, lo básico que te llevarías a otro país?
   Es una reflexión interesante pensar en esa idea: un incedio o un traslado urgente,  cosas ambas que se presentan cuando menos te lo esperas, son acicates para establecer prioridades.
   La clásica pregunta de "¿qué te llevarías a una isla desierta?" se convierte en "¿qué te llevarías si emigraras y sólo pudieras llevar una maleta?"
   El minimalismo te ayuda a ver las cosas con la suficiente perspectiva: al pensar en esa posibilidad, me sobraba espacio en la maleta para llevar lo que no quiero dejar por detrás.
   Ayuda saber que, si el próximo viernes me quedo sin presente y sin futuro, y, para que mis hijos puedan comer, tengo que marcharme, lo importante me cabe en una simple maleta, quizá esa de madera que adorna mi armario desde hace años.
   ¿Y tú, tienes espacio en tu maleta?

miércoles, 20 de junio de 2012

LO QUE APRENDES LAVANDO LOS PLATOS

             Es curioso lo que puedes llegar a pensar mientras lavas los platos: la cantidad de cosas que pueden pasar por tu cabeza en un minuto son innumerables...aunque, a veces, consigues centrarte sólo en lo que haces y entonces ¡guau!, tu mente descansa y entras en una especie de trance estupendo que tu cabecita atolondrada y estresada agradece enormemente.

Pero por regla general, lavas tus platos en medio de un montón de cosas que hacer y con prisas, y si es la loza de la cena, con sueño y ganas de terminar.

Sin embargo, en medio de esa vorágine de ideas, cosas pendientes y ensoñaciones, de vez en cuando surgen genialidades.

Te das cuenta de que lavar los platos es una metáfora de la vida:

Si lavas tus platos nada más terminar de comer, no se acumulan residuos: si lavas tus rencores nada más fabricarlos y perdonas, no acumulas resentimiento.

Si tus platos tienen restos de comida incrustada, es mejor dejarlos a remojo sólo con agua y lavarlos más tarde: las cosas más duras necesitan paciencia para resolverse, pero también acción (no dejar los platos al aire y sin remojo, sino actuar y esperar)

Si tienes pocos platos, terminas antes tu tarea: acumular posesiones entorpece tu vida y te quita tiempo para lo importante.

Si utilizas lavavajillas ecológico, no te harás daño a ti mismo (veáse dermatitis del anillo, por ejemplo) ni al medio ambiente: para hacer bien tu trabajo no necesitas dañarte a ti mismo ni a los demás.

Si tienes tus platos lavados, tu casa parecerá más limpia: el orden físico te otorga claridad mental.

Si tienes costumbre de dejar los platos apilados día tras día, se te hace una montaña lo de lavarlos: dejar los problemas sin resolver, para más tarde, no hace sino agrandarlos.

Dejar aunque sólo sea una cucharilla de café en el fondo de la pila, sin lavar, desluce tu trabajo: sé cuidadoso y esmérate en los pequeños detalles, porque pueden hacer la diferencia entre lo bien hecho y la chapuza.

Lavar tus platos con el grifo abierto es un despilfarro: no saber poner límites en tu vida, también.

Obsesionarte con la limpieza te hace ver gérmenes donde sólo hay vida: tus neuras te impiden recibir la vida tal cual viene y aceptarla tal cual es.

La lista puede ser aún más larga, pero no puedo seguir escribiendo porque...¡tengo que lavar los platos!

martes, 5 de junio de 2012

SIN DESPERDICIO

      Desde pequeños nos dicen eso de "cómetelo todo" y nos lo creemos, hasta que llegamos a la edad adulta y nos dicen que "hay que dejar algo en el plato para no parecer mal educados", y los que llegamos a la obesidad infantil mediante la presión del "no dejes nada", nos volvemos anoréxicos bajo el lema "no te lo comas todo".
   Nos volvemos fácilmente locos: pasamos los días contando calorías, siguiendo dietas, disociando alimentos, dividiendo las raciones...para acto seguido salir al "Mac carne" más cercano a atiborrarnos de lo primero que vemos...
   Y mientras tanto, las tres cuartas partes de la humanidad, aquí, cerca y allá lejos, pasan hambre: hambrunas periódicas o desnutrición crónica, da igual, la cuestión de fondo es que mientras a nosotros nos "comen el coco con la comida", muchos otros no tienen "ni coco para comer".
   ¿Cuál es la solución? Como siempre, nuestro amigo "Mínimus" viene al rescate: podemos (debemos) minimizar y minimalizar (convertir al minimalismo) nuestras despensas y volver a aplicar aquello de "cómetelo todo", aunque para ello, antes, llenemos sólo lo justo nuestros platos.
   Comida sencilla para sencillamente comer: nada de artificios, comidas precocinadas que saben a... nada, y que terminan en el cubo de la basura (con sus envases incluidos); nada de recetas complicadas con ingredientes incomprensibles que no quedan tan bien como la foto nos prometía; nada de despensas abarrotadas donde se caducan las latas de "alcachofas en salsa de caracoles" por no saber ni que estaban ahí.
   Si cocinamos sólo lo que vamos a comer, en vez de comernos todo lo que cocinamos, no tiraremos comida a la basura.
   Si cocinamos sólo comida y no envases, plásticos, carburantes para su transporte, colorantes, conservantes y todos esos "antes", tendremos un entorno más sano en el que producir verdadera comida.
   Si cultivamos comida en vez de venenos, a lo mejor no ocurrirá nunca más lo que le pasó a un amigo hace unas semanas: una intoxicación por fresas envenenadas (es decir, con tantos fitosanitarios incluidos, que casi le matan a él).
   Cómete sólo lo que realmente necesitas, compra sólo la auténtica comida que de verdad te vas a comer: quizá así, con estas sencillas pautas podremos acabar de un plumazo con dos vertientes de un mismo problema: el hambre y la obesidad.
   ¡Buen provecho...sin desperdicios!

lunes, 12 de marzo de 2012

TENER MENOS: LA VERDADERA LIBERTAD

   Voy a contar una historia triste, pero, aunque parezca exagerada, real como la vida misma. Voy a contar la vida como si fuera un cuento, que es la mejor manera de aprender las cosas, para ver si así esta experiencia sirve para alentar a más personas a valorar la vida como es, sin artificios.
   Había una vez una familia: un padre que fundó una empresa junto a sus hermanos y otro socio; una madre de las de "toda la vida" que se pasó "toda la vida" cuidando de sus seis hijos, hijos que crecieron y en su mayoría decidieron trabajar con su padre en aquella empresa a la que dedicaron los mejores años de su vida.
   Pasó el tiempo: el padre murió víctima de una enfermedad extraña e incurable, y mientras tanto, aquella empresa también enfermaba de "crisis" y moría al poco tiempo dejando deudas y acreedores, mientras los otros socios se daban a la fuga con gran parte del dinero que habían acumulado en tantos años.
   Finalmente, aquella familia que con gran sacrificio había logrado tener tantas cosas, se vio de la noche a la mañana, en menos de dos años, en la calle y si nada: el embargo les quitó todo (casa, terrenos, coches...)
   Se habían pasado toda su vida trabajando para ver cómo, con la crisis, se hundía su negocio, sus socios se evaporaban llevándose el fruto del trabajo y todo aquello que consiguieron se lo arrebató el banco.
   Solamente uno de los hermanos, que renunció a la herencia del padre (terrenos, casas, coches, pero también acciones de aquella empresa y sus correspondientes deudas) y decidió vivir sólo de su humilde trabajo, evitó perder lo poco que poseía: quedarse con poco le sirvió, dos años después, para conservar ese poco y no perderlo todo.
   A ese hermano del que todos decían que estaba loco por renunciar a una herencia, ahora lo miran con asombro los que se llevan las manos a la cabeza pensando que el juez les ha quitado su casa y aún así deben seguir pagando sus hipotecas.
   Son historias reales, no es un cuento de lobos y caperucitas: esto está pasando en este preciso momento, y me lleva a la reflexión, profunda y convencida, de que tener menos nos libera.
   "No es feliz el que más tiene sino el que menos necesita", dicen por ahí, y es cierto. Yo añadiría que no es más feliz el que más tiene, sino más libre el que menos atesora.
   La libertad de salir corriendo con lo puesto sólo la tiene quien sabe que sólo él /ella se basta, que su "valor" no reside en la cantidad de camiones que precise para la mudanza, sino en aquello que nadie podrá arrebatarle nunca porque está en su interior, no en su cartera.
   Definitivamente, tener menos es la mejor opción: no pierdes porque no tienes, no cargas porque no tienes, no añoras porque no deseas, y el apego que pudieras sentir hacia las cosas es inexistente si no hay cosas.
   La verdadera libertad está en no apegarse a nada ni a nadie, en no "necesitar" sino en ser "necesario", "útil" a los demás.
   Si pones tu valía en tus cosas y posesiones te arriesgas a que cualquier juez determine que ya no vales nada porque te lo quitan todo. Pero ¿qué juez puede quitar nada a quien nada tiene? Ese es el mayor tesoro, el que nadie te puede robar.

jueves, 16 de febrero de 2012

HORROR VACUI

    Hace algún tiempo, el entrañable Chocobuda dijo algo sencillo pero demoledor en uno de sus post:
    "Identifica lo que para ti es realmente importante para vivir.Desecha todo lo demás"
    Parece de una simplicidad mortal, pero casi nadie sigue estos dos humildes consejos ¿por qué?
    “Horror vacui” dice el latinajo: horror al vacío, frase que se aplica al estilo barroco, en el que se mezclan en tropel todos los elementos estéticos habidos y por haber en cada obra de arte.El exceso de barroco se llama rococó, y ambas palabras se relacionan hoy en día con la exageración en el adorno.
   Muchos de nosotros también tenemos, de una forma u otra “horror vacui”: tenemos miedo a quedarnos sin cosas porque esas posesiones desvían nuestra atención y así no reconocemos el vacío interior: rodearnos de cosas, personas, obligaciones... nos impide estar con nosotros mismos, esa persona a la que tanto miedo tenemos.
    De esta forma se justifica que haya personas capaces de soportar las burlas crueles de sus “amigos” con tal de no estar solos; o de sufrir a una pareja destructiva con tal de no encarar la soledad; o de lidiar con una familia desestructurada y desestructurante para no verse “desamparado”.
    Si para nuestras circunstancias personales aplicáramos las dos frases reseñadas por Chocobuda (identifica lo importante y desecha lo demás) ¿cómo y cuánto cambiaría nuestra vida?
    ¿Seguiríamos en un trabajo impersonal o agobiante?¿Seguiríamos apuntados al gimnasio, siendo Presidentes de la Asociación de Vecinos, y del Club de Simpatizantes de las Zanahorias Verdes, y en la Junta de Accionistas del Macanudo Fútbol Club, además de asistir a clases de guitarra los lunes, de ajedrez los jueves y de cocina alternativa los martes y viernes (todo eso al mismo tiempo)?
    En nuestras vidas barrocas o de estilo rococó (depende del grado de complicación que le queramos dar), plantearnos que sólo lo que es realmente importante merece la pena y llevar a cabo el “plan de limpieza”, supone un auténtico terremoto: dejaríamos esas relaciones tóxicas (familiares, amistosas o de pareja) y nos quedaríamos con los verdaderos amigos, la verdadera familia y el verdadero amor (aunque sea el amor a nosotros mismos); dejaríamos de soportar estoicamente los abusos del Jefe o de los compañeros de trabajo y les plantaríamos cara (a veces con sólo decirles que estás harto, te dejan en paz; otras veces, te despiden); dejaríamos de acumular pertenencias (cosas físicas o carnés de “pertenencia” a uno u otro club); dejaríamos de conservar recuerdos inútiles (físicos o mentales); y así un largo etcétera.
    ¿Qué vacío nos da miedo enfrentar? ¿Somos conscientes de que todos tenemos esos mismos miedos, y que la única manera de vencerlos es enfrentarnos a ellos?
    Dale un susto al miedo, pon tu pie en la cuerda floja y verás que el camino se allana y se engrandece: parece magia pero en realidad es valor, el valor de enfrentarse a uno mismo, de asumir nuestra parte oscura y, desde ahí, buscar la luz.
    Después de esta parrafada espiritual, párate a pensar en esas dos frases: identifica y desecha, porque la clave de tu felicidad está encerrada en ellas, te lo aseguro.

martes, 10 de enero de 2012

LIMPIEZA GENERAL

   Coincidiendo con las navidades, tengo costumbre de hacer limpieza general en mi casa. Hago otra en verano, aprovechando las vacaciones, pero esta de invierno tiene un especial significado: según los chinos (o eso dicen), hay que recibir el año nuevo limpiando la casa (o al menos la cocina, si no tienes mucho tiempo), para asegurarse la buena suerte.
   Así que me pongo como una loca limpiando hasta donde ni se te ocurre que pueda meterse la suciedad, para favorecer, no ya la buena suerte, que te la fabricas tú mismo/a, sino para dar paso a lo nuevo que puede entrar cuando sale lo viejo.
   Por fortuna, cada año son menos las cosas que salen, porque han entrado menos cosas, y en cada "salida" hay una oportunidad de reflexionar sobre muchos temas: lo efímero de la vida, la futilidad de la mayor parte de nuestras posesiones, o llegado el caso, la ocasión o la persona que nos regaló u ocasionó la compra del objeto en cuestión.
   Así que la limpieza de fin de año puede ser un buen antídoto para dos cosas: la acumulación de objetos y también de sentimientos o relaciones que ya han llegado al fin de su "vida útil".
   Desprendernos de algunos objetos nos lleva a hacer limpieza emocional, desapegarnos de las cosas y de los recuerdos, a veces no muy agradables, que evocan. Guardamos cacharros inservibles sólo porque nos hacen recordar a las personas a las que relacionamos con dichos objetos, pero sin pensarlo, con esos "tarecos", reservamos un espacio en nuestro corazón a relaciones pasadas o a personas que ya no significan gran cosa para nosotros.
   Aprovecha a limpiar tu armario y también tu corazón, de objetos y recuerdos dañinos, deja sólo aquello que realmente necesitas, tanto en tu vida material como en la emocional; no acumules "basura" sentimental, ni la escondas en el altillo de tu alma, porque, incluso a nivel personal, "cuanto menos bulto, más claridad".
   Feliz entrada de año y feliz "limpieza".

domingo, 25 de diciembre de 2011

SOY ESCLAVO DE MIS NECESIDADES

   Con estas palabras tan elocuentes, Cáritas Diocesana ha elaborado un tríptico para estas Navidades, en el que nos recuerda algo tan básico como "vive sencillamente, para que otros, sencillamente, puedan vivir".
   Este mensaje, profundamente minimalista, resume lo que dice el tríptico, y expone, de manera clara y evidente, lo que es el minimalismo; por ello, voy a reproducir aquí, entre comillas, lo que dice el panfleto, porque creo necesario hacerme eco de su mensaje, y más en estos días de despilfarro:
   "Vivir la sencillez es no necesitar tener muchas cosas para ser feliz, no cayendo en el consumismo ni en las modas que nos obligan a comprar lo nuevo, lo último"
   "Vivir la sencillez es tener más alegría al dar o al compartir, que al recibir, porque has descubierto el sentido de la gratuidad"
   "Vivir la sencillez es vaciar el corazón de todas las cosas innecesarias que lo ocupan, y llenarlo del tesoro de la amistad, de la cercanía y del encuentro humano con los demás"
   "Vivir la sencillez es sentir cercanas a miles de personas que viven injustamente en la pobreza, conmoverte por ello y, entonces, movilizarte e implicarte porque no quieres vivir mejor que ellos"
   "Vivir la sencillez es poner tu confianza y seguridad no en el dinero o en las posesiones, sino en tus bienes espirituales, en tus convicciones y creencias, en tu fe, en tus capacidades, en tu fuerza interior y en la de aquellos que te aman y aprecian"
   Yo ante estas palabras sólo agrego un amén ("así sea"), y una alegría inmensa, al saber que este grupo de la Iglesia Católica es capaz de ver la realidad en la que estamos inmersos, llegar a todos, independientemente de su religión o creencias (el último párrafo engloba a todos los que habitamos en este planeta, independientemente de nuestra fe o ideología), y sumar esfuerzos en aras de la justicia.
   ¡Feliz navidad minimalista que permite a todos vivir con sencillez!

jueves, 8 de diciembre de 2011

NAVIDADES MINIMALISTAS (II)

Siguiendo el primer post “Navidades Minimalistas (I)”, en este segundo plantearé la pregunta ¿cómo celebrar una Navidad Minimalista?
¿Una Navidad Minimalista es aquella en la que no hay regalos, ni luces de navidad, ni velas de colores, ni turrón, ni árbol, ni portal de Belén?
¿Es una Navidad pobre, sin adornos, en la que cenas un yogur por no gastar en una celebración, o en la que apareces el día de Reyes en casa de tu familia con las manos vacías?
¡Qué va, qué va! ¡si esto del minimalismo va por otro lado!
Se puede tener árbol de Navidad, pero por favor, no uno natural, a no ser que luego lo plantes en tu jardín y al año siguiente lo adornes allí fuera (que también es una idea). Ese árbol de Navidad lo puedes adornar con cositas que hayan hecho tus hijos, o adornos reciclados, o comprados de segunda mano en mercadillos, o de comercio justo (pasen y vean la página de Intermon Oxfam y su tienda on line, por ejemplo). Eso es un árbol minimalista: lleno de vida y adornos amorosos, cosas que no se compran ni en las mejores tiendas de decoración (por cierto, a precios astronómicos).
Se puede tener un belén, porque los hay de diferentes tipos (al igual que el árbol) y es un motivo de fiesta si lo haces con tu familia (algo positivo que compartir y mucho mejor que una tarde en el centro comercial, ¿no te parece?). No necesitas gastar dinero, si se lo dejas a la imaginación de tus hijos, seguro que te montan un Belén estupendo con los Playmobil, las Barbies o los Pin y Pon (encima, hago publicidad y no cobro, ¡vaya!).
Así que puedes comer turrón (si es de comercio justo, lo comes tú y muchas familias pueden, por ejemplo, mandar a sus hijos a la escuela, a miles de kilómetros de tu casa) y polvorones (caseros, mejor aún), encender tus velas (¿has buscado en tu pueblo o en el mercadillo esas maravillosas velas de ceras de abejas pura o de materias primas naturales, es decir, sin parafinas?) y...bueno, lo de las luces ¿es necesario tanto gasto energético?
Unas navidades minimalistas son aquellas en las que regalas a quien te apetece algo hecho con cariño (por ti o por un/a artesano/a, por ejemplo), algo realmente necesario (sobre todo para alguien que no puede comprárselo) o algo significativo y no material (los famosos “bonos” o “cupones”, como “vale por un masaje” o “vale por una tarde de paseo”...¿quién puede resistirse a semejante regalo?)
Unas navidades minimalistas no transcurren en un Centro Comercial, no te dejan con la cartera a dieta ni causan gastroenteritis: son relajantes, entrañables, familiares, detallistas...¡eh, un momento!¿esas palabras no recuerdan a lo que eran las navidades antes de que naciera el marketing?...Si, sospechosamente unas navidades minimalistas tienen mucho que ver con unas navidades realmente tradicionales (no con las falsas tradiciones de ir a esquiar, o de viaje al Caribe, por ejemplo).
¿Necesitas tantos números de lotería; tantas cenas y comidas fuera de casa; tantos regalos con sus correspondientes papeles de regalo, lazos y quebraderos de cabeza; tantas colas en el supermercado o en las tiendas; tantos números rojos, rojos, rojos en tu cuenta corriente?
Unas navidades minimalistas empiezan cuando te planteas que de todo eso, con menos de la mitad, todavía te sobra, y que es preferible tener más tiempo para estar con los tuyos aunque tengas menos compromisos sociales o menos regalos.
Y para empezar, un consejo muy efectivo: apaga la televisión. Sólo con eso, te ahorrarás mucho estrés, muchas tentaciones consumistas y algo en la factura de la luz.

domingo, 4 de diciembre de 2011

NAVIDADES MINIMALISTAS (I)

No pienso hablar aquí de “no consumo” o “consumo responsable” porque de ello ya hay bastantes ejemplos en la red, como los de Chocobuda o Valedeoro (¡saluditos!).
Voy a hablar de la verdadera historia (o leyenda, para el caso es lo mismo), de la Navidad.
Como apuntaba en el anterior post, la Navidad es una mezcla de tradiciones que poco tienen que ver con la verdadera historia de Jesús de Nazaret (de cuyo nacimiento por otra parte tenemos escasos datos).
Pero para el caso que nos ocupa, da igual; lo importante es la parábola, no la realidad histórica.
Analizando el relato del nacimiento de Cristo, vemos ante todo la sencillez, la humildad y, seamos sinceros, la soberana pobreza de esa familia inmigrante que eran José, María y Jesús aún no nacido.
Vemos a un hombre que lleva a su mujer embarazada a lomos de un borrico. Van de camino, emigrando, para empadronarse en un pueblo que no conocen y donde no tienen familia.
La hora del parto les llega justo cuando menos lo necesitan: están solos, en tierra extraña, no tienen familia, ni amigos, ni conocidos y para colmo, no hay quien les de cobijo.
Por no tener no tienen ni con qué atender al recién nacido.
En la más triste de las soledades se produce el momento de mayor felicidad de unos padres: el nacimiento de su hijo.
Y allí se ven ellos, en medio de un establo, rodeados de animalitos por toda compañía, y la primera visita que reciben es la de los pastores (que en aquellos tiempos gozaban de muy mala fama entre los israelitas, pues eran considerados algo así como los parias entre los parias).
En resumen, ¡qué bonito panorama!, vamos, lo que se dice una entrada “apoteósica” en este mundo...como la de tantos niños que nacen a diario en condiciones pésimas y tantas madres que dan a luz en medio del mayor de los abandonos.
Y digo yo ¿cómo celebramos nosotros ese nacimiento? ¿a alguien se le ocurre donar algo de dinero para la atención médica de las madres y sus bebés en países del Tercer Mundo, por ejemplo?¿o donarlo a casas de acogida para madres solteras?
No, lo primero que se nos ocurre es gastar, gastar y gastar a lo tonto y a lo loco, consumir hasta morir y atiborrarnos de todo lo inimaginable, en un afán titánico por llenar el hueco del alma que sólo el amor sabe llenar, aunque el amor es algo que ni se compra ni se vende en la tienda de la esquina ni en el Centro Comercial.
José y María eran emigrantes (habían salido de su pueblo para ir a otro que no conocían) y no recibieron muy buena acogida en aquel lugar: ¿qué trato damos a los inmigrantes en estas Navidades?¿nos acordamos de ellos y ayudamos a alguna organización que les preste ayuda humanitaria?¿colaboramos con proyectos en sus países de origen para que no tengan que emigrar buscando un futuro mejor?
No, saludamos a un rey mago (Baltasar) con la cara mal pintada de negro y les decimos a los niños que le pidan juguetes (cuantos más mejor), pero si a nuestro lado pasa un heredero de ese mismo rey pero con la piel color chocolate y no pintada, nos cruzamos de acera, no vaya a ser que nos “robe la cartera”, pues ya damos por sentado que es un delincuente.
Los primeros en acoger a Cristo en la tierra, fueron los animales no humanos, porque los humanos estaban demasiado ocupados en sus cosas como para ocuparse de “otro niño más”. Como siempre, los animales dando todo sin pretender nada ¿aprendemos nosotros de esos animales o de aquellos otros que no vieron la maravilla que tenían ante ellos, de encontrarse a Dios recién nacido a las puertas de sus casas?¿qué trato le damos a aquellos que sí supieron ver más allá de su egoísmo, a esos animales capaces de dar el amor que los humanos nos negamos a nosotros mismos?
José y María era pobres de solemnidad, es decir, no tenían ni donde caerse muertos, tanto que no tenían con qué pagar a los posaderos de Belén para que les dejaran un hueco en una habitación.
Y nosotros ¿nos acordamos de las familias que no tendrán un techo bajo el que dormir ni una sopa caliente que llevarse a la boca en estas fechas en las que nos indigestamos y tomamos antiácidos para seguir atiborrándonos?¿nos acordaremos de ellos cuando llegue enero y las culpas por los kilos de más de las Navidades?¿colaboramos con alguna ONG que ayude a los sin techo o les lleve alimentos, mantas, ropa o juguetes a los niños de esas familias pobres de solemnidad como eran José, María y el pequeño Jesús?
Si no hacemos nada de eso por los que ahora representan ese Belén viviente, ¿para qué celebramos la Navidad?

martes, 20 de septiembre de 2011

MINIMALISMO DE COLORES

         Hay personas que tienen una visión un poco estereotipada de lo que es el minimalismo, y creen que cuando eres fan del mínimo, te vistes de blanco y negro, y santas pascuas.
   Desde mi humilde opinión, nada puede estar más lejos de la realidad, por más que los opinólogos mundiales digan lo contrario.
   Creo que se puede ser minimalista y tener una tetera roja con lunares blancos (eso sí, es tu única tetera y la tienes porque la usas mucho); o vestirte como una preppy, pero tener un armario que parece un jardín zen.
   El minimalismo no es ausencia de color (o de vida), sino ausencia de superficialidad.
   Puede que para ti vestirse punk o lady sea una superficialidad, no lo dudo, y creas que es mejor un hábito monacal; pero eso no te convierte en minimalista si tienes dieciocho hábitos sin estrenar en el armario y te compras otro porque "no tienes que ponerte" (recuerdese que hoy en día lo más parecido a un hábito es un jean, todo el mundo vestido con uno, como dominicos en la Edad Media).
   A lo mejor, como dije, eres un preppy que sólo tienes dos polos y tres jerséis de rombos, con lo cual ejerces de minimalista en tu armario.
   Lo importante no es cómo vistes, sino el espíritu que anima tu vida: si valoras la calidad por encima de la cantidad, si prefieres poco y bueno (al menos todo lo bueno que te puedas permitir) a mucho y malo, entonces eres minimalista.
   Ya lo decía Genevieve Antoine Dariaux en su libro "Muy chic, una guia de la elegancia": "cuanto mayor es el lujo, más discreto es, hasta que por fin, tras avanzar por estadios cada vez más restringidos, se llega a la cumbre del lujo, imperceptible para todos excepto para uno mismo".
   Creo que esta francesa hablaba de minimalismo refiriéndose a la calidad de la ropa que usamos, y en definitiva, de todas las cosas que adquirimos: todo lo que poseemos debe ser para nosotros un lujo, no porque cueste mucho, sino porque lo valoramos mucho, y no necesariamente vivir rodeados de miles de cosas significa vivir en el lujo.
   Cada cual interpreta el lujo como quiere: para algunos es respirar aire limpio o tener un grifo del que sale agua corriente; para otros es tener un Mercedes aparcado en el garaje de su mansión. Pero sea como sea, el estandar de calidad siempre va unido a la escasez: cuanto más escaso es un bien, más se cotiza.
   Por tanto, seas como seas y vistas como vistas, vive minimalista, aunque sólo sea para aprender a vivir en medio de tus pequeños lujos aunque para el resto del mundo no lo sean.
         Que como dijo Dariaux, sea "imperceptible para todos excepto para uno mismo".

martes, 24 de mayo de 2011

SIMPLIFICA TU VIDA (V)

Que no, que no te voy a hacer tirar el cuarto de  baño para montar un spa.
Este post va de artículos de aseo y belleza varios.
¿La montaña de potingues que tienes esparcidos por tu cuarto de baño se está pareciendo últimamente mucho al Everest? ¿ya estás viendo a los porteadores ascendiendo por su cara norte camino del monasterio budista que hay a medio camino?
Ya es hora entonces, de convertir al minimalismo al último reducto del derroche que queda en tu hogar.
No necesitas ese champú de maracuyá con maca y flores de hibisco, que ”dejará tu pelo tan sedoso que harán vestidos con él para la gala de los Oscars”; ni la crema de baba de caracol con aloe que te dejará la piel” como la de un recién nacido” (si alguien ha visto un bebé recién nacido sabe que el primer día está morado, con la piel escamada y sólo toma su color sonrosado y su tacto suave pasadas muchas horas)
El aceite de almendras hace milagros, es relativamente barato (porque es como el de oliva virgen, que cunde mucho), por lo que si necesitas una hidratación extra, y bebiendo agua no te soluciona todo el problema, prueba a pringarte de aceite de almendras antes de la ducha (si, he dicho antes), y luego, duchita calentita, sin  jabón. Esto lo puedes hacer una vez al mes y te irá divinamente.
En cuanto a los champús, úsalos muy moderadamente, incluso mezclados con agua, porque en general soy demasiado fuertes y dejan el cuero cabelludo desprotegido, sobre todo con lavados frecuentes. Yo uso uno de Sante (que compro en el herbolario), sensiblemente más caro, pero los convencionales, me provocan muchísimo picor.
¿Qué mejor que una simple pastilla de jabón para lavarnos? Es barata, fácil de usar, no provoca residuos añadidos (plásticos, envases de cartón)...Yo uso el jabón de caléndula de Weleda (también lo compro en el herbolario), que huele muy bien y sienta de maravilla, aunque he descubierto hace poco unas pastillas de jabón de Marsella de Almacabio, que sirven tanto para el aseo personal como para lavar la ropa a mano, que son una delicia (seis pastillas a menos de 4 euros, un lujo asequible).
         ¿Cremas? Hay muchísimas, demasiadas. A veces, un buen aceite basta. En ocasiones hay que probar muchas marcas hasta dar con la perfecta, pero yo abogo por lo natural con certificado, y me decido por Weleda, pero sólo una, que viene en paq de tres (serum, crema de día y crema de noche).
         La pasta de dientes la puedes fabricar tu misma con arcilla de la que venden en los herbolarios, pero si no te decides, opta por una que esté libre de productos químicos dañinos (para más información la revista opcions, busca en Internet, que tiene en pdf todos los números publicados).
         No me maquillo, sólo pintalabios y ya está: mi piel lo agradece y sinceramente, parezco más joven que algunas de mis amigas, acostumbradas al maquillarse desde los quince años.
¿Tintes? No, gracias. No hay nada más bonito que un pelo natural bien cuidado; las canas con hermosas y nos dan un aire misterioso muy favorecedor, siempre y cuando el pelo esté limpio y bien peinado.
Un pelo teñido, por muy favorecedor que pueda ser, si está sucio, o  despeinado, da, simplemente, “asquito”.
¡Y ni que decirte el tiempo y el dinerito que me ahorro!
El capítulo de los perfumes merece una apartado especial: ¿son realmente necesarios? En caso de que te gusten ¿usas todos esos botes o los coleccionas? Muchas veces, un buen desodorante suple perfectamente a los perfumes, pero si de verdad te gustan, usa sólo uno hasta acabar con él; luego repite o cambia, pero no amontones frascos, que tu cuarto de baño no es una perfumería.
Utiliza un pequeño neceser para guardar todos esos utensilios pequeños, pero necesarios, que tienes ahora mismo esparcidos por doquier en tu aseo (tijeras, cortaúñas, limas, espejitos, etc.) y aprovecha para guardar allí también tus cremas y productos de maquillaje.
Muchas de estas ideas son de cosecha propia, otras las que sacado del libro “El arte de simplificar la vida”, de lectura bastante recomendable.

SIMPLIFICA TU VIDA (IV)

Simplifica la tele, simplifica tu vida: la televisión tiene sus cosas buenas...cuanto más tiempo está apagada, más feliz eres. Creo que se puede medir el grado de felicidad de una persona por el tiempo que le dedica a la tele (a más tele, menos feliz). Y lo mismo se aplica a los niños: un documental de animales, dibujos animados como los de Pocoyó (es decir, nada de violencia, mucha inocencia y alegría) o películas Disney o Pixar (que tienen valores pese a ser “sólo dibujos”), son buenas opciones. Pero al mejor es el botón de off.
Es mejor organizar una tarde de teatro o de karaoke con los peques, una fiesta de disfraces, una hora viendo viejas fotos de la familia, todos juntos, que los mejores dibujos de Batman o Spiderman.

SIMPLIFICA TU VIDA (III)

Simplifica sus vidas, simplifica la tuya: ¿necesitan tus hijos tantas actividades extraescolares o las necesitas tú para poder trabajar o para no molestarte en escucharles y soportarle todas las tardes? Examina tu conciencia y sincérate contigo mismo/a.
Vale, puede que tu hijo de doce años sea un lince con el ajedrez y le encante; bien en ese caso, déjale con su ajedrez y sus clases, competiciones y demás. ¿Pero, además lo tienes en clase de inglés, alemán, yudo, natación, violín y tenis? ¿Y ese niño cuándo estudia, cuándo juega, cuándo ve a sus amigos en un ambiente que no sea el de competición, cuándo mira a las musarañas que se sienten tan solas desde que él no tiene tiempo para mirarlas?
En la vida de los niños, pensar en las musarañas es una de las actividades más importantes, porque...los hace personas. A las musarañas les importan un pepino la pronunciación del inglés de tu hijo, el revés que tenga jugando al tenis o el fabulosos estilo de natación.
Tu hijo, por más que te empeñes, no será al mismo tiempo Rafa Nadal, Winston Churchill y Paganini,  y tampoco tiene por qué. Es mejor que sea feliz, porque ya lo dijo Dostoiewsky “quien ha tenido una infancia feliz, siempre será feliz”, y yo añado “lo contrario, también se cumple: quien ha tenido una infancia triste, en la que no le dejaban jugar, siempre será una persona triste”.
Todavía hoy hay muchas personas y ONGs que luchan contra el trabajo infantil. UNICEF reconoce el derecho de los niños a jugar, y sin embargo, los padres, los que debemos velar por su felicidad, los obligamos a “trabajar” en sus actividades extraescolares y les negamos el derecho al juego.
Simplifica sus vidas y la tuya se simplificará.
¿Necesitas que tu hijo esté en esas actividades para poder cumplir con tus obligaciones de trabajo? Cambia de trabajo, y si no puedes, al menos pon a tu hijo en actividades que le gusten, que no le obliguen a competir sino a colaborar, donde pueda jugar y comunicarse con el juego con otros niños, sin competir, sin tener que seguir usando su parte “racional”, sino utilizar su “inteligencia lúdica”, su imaginación: existen las ludotecas, las clases de yoga o tai chi, el teatro, las clases de dibujo... y el resto del tiempo, por favor, que sea libre.

martes, 19 de abril de 2011

SIMPLIFICA TU VIDA (II)

SIMPLIFICA TU VIDA...AUNQUE TENGAS NIÑOS (VOLUMEN II)

Simplifica con la comida: está claro que los niños tienen unos gustos muy definidos y no están para extravagancias (excepto las que inventan ellos, como mezclar crema de cacahuete con yogur o chocolate con mantequilla para untar en el pan).
Así que no te compliques: si a tus hijos les gusta el arroz blanco, arroz blanco; y pónselo tal cual, nada de formar estúpidas figuritas de animalitos con el arroz (tus hijos son niños, no tele tubbies). No te esfuerces en hacerles comer arroz basmati; ya crecerán y poco a poco podrán ir probando esas cosas.
Por experiencia sé que en el caso de la comida, como en muchos otros, se cumple la ley de murphy “cuanto más complicada es una comida, menos le gusta al niño”.
Algunos dirán “los niños deben aprender a comer de todo, no pueden estar siempre a base de arroz y huevos fritos”; es evidente, claro que si, pero por experiencia sé que la mejor manera de que un niño coma de todo es: primero, cómelo tú delante de él, a diario si es posible; segundo, ofréceselo; tercero, ponle pequeñas cantidades en su plato; cuarto, espera mucho tiempo...al final, caen.
Es importante seguir estas instrucciones por orden y sin desfallecer; el método es efectivo, aunque pueda tardar mucho tiempo. Pero lo básico es predicar con el ejemplo.
Caso práctico: mi marido y yo desayunamos siempre fruta, lácteos y cereales o pan; los niños nos acompañan todas las mañanas, y primero les ofrecíamos trocitos muy pequeños de pera o manzana (por ejemplo); ahora estamos en la fase en la que ellos dicen:“pera, por favor”. Algún día se comerán ellos solos la pieza de fruta; de momento, la semilla está sembrada.
Simplifica con los juguetes: los niños no son más felices por tener más juguetes, sino por jugar más. Mis hijos juegan más con cajas de cartón y piedras que con juguetes propiamente dichos. ¿De qué le sirve a un niño tener un precioso camión último modelo si no tiene arena y tierra con el que llenarlo?
Y como no todos tienen jardín en su casa, la operación “buscando tierra”, se traduce en “tiempo para que papá y mamá me lleven al parque a jugar en el arenero”, es decir, “tiempo de calidad que los padres dan a sus hijos”, “atención”, “cariño”.
¿Qué falta tiempo? Siempre falta tiempo, pero precisamente por ello, tenemos que buscarlo, por poco que sea.
No regales a tus hijos juguetes que lo hagan todo solos, deja que jueguen con tus cacharros de cocina viejos (claro que no con los cuchillos); dejas las “maquinitas” para edades adecuadas (un niños de siete años ¿qué hace con una “play”? Cuando tenga dieciséis ¿jugará a los “play”mobil?
Pocos juguetes, creativos, resistentes y que desarrollen la imaginación. (por cierto, nada mejor que un cielo con nubes para desarrollar la imaginación de los niños...y es absolutamente gratis).


SIMPLIFICA TU VIDA (I)

SIMPLIFICA TU VIDA...AUNQUE TENGAS NIÑOS (VOLUMEN I)

Ser minimalista en solitario es bastante fácil: eres tú solo ante el peligro.
Pero el riesgo de abandonar la simplicidad se multiplica según el número de personas que convivan contigo.
Eso si, no es lo mismo compartir piso con algunos compañeros que tener pareja, ni lo mismo tener un hijo que cuatro, ni lo mismo tener cuatro hijos que tres y una mascota (aunque el número de individuos sea el mismo)
Llevar una vida minimalista con familia al completo (incluida la mascota) puede ser complicado, pero si no optamos por ese minimalismo, la existencia se nos complicará muchísimo más.
En otro post hablé sobre el minimalismo aplicado a los niños, pero ahora concretaré algunas ideas más al respecto, desde mi experiencia.
Mantener el orden en casa cuando tienes niños pequeños es una odisea: cuando crees que lo tienes todo controlado, van y te lo descontrolan, y lo que te ha costado toda una tarde organizar, te lo desmantelan en cuestión de segundos.
En mi caso, para poner orden en los asuntos escolares, nada mejor que organizar las cosas de cada uno por colores: cada uno tiene un tupper de un color diferente para colocar sus lápices de colores y demás útiles.
Para organizar los juguetes, cajas de plástico ubicadas en lugares estratégicos para guardar.
Para organizar la ropa, nada como cajas de cartón donde colocar la ropa interior, y colgadores de baldas (en plástico) para hacer más accesible a ellos su armario y que puedan colocar sus camisetas sin problemas.
Algunas ideas con la ropa son por ejemplo, comprar todos los calcetines del mismo color, así si se pierde uno, puedas utilizarlo con otros.
Para la ropa interior, otro truco mágico: normalmente los paquetes de slips vienen seis, con tres modelos diferentes (por ejemplo, rayas, con dibujitos y lisos), así que escojo por ejemplo, el modelo rayas para uno de los niños, el de dibujos para otro y los lisos para el tercero. De esta manera, nunca se confunden con la ropa interior.
Tener las cosas siempre en el mismo sitio y en lugares de fácil acceso para los niños supone un ahorro de tiempo y menos “accidentes”. Así, las estanterías bajas son ideales para colocar sus libros y cajas de juguetes.
Igualmente, tener pocos muebles ayuda en el orden y la vida diaria con niños: tienen más espacio para correr y saltar y no lamentas el dinero que has perdido porque tus hijos te han roto el sillón de estilo rococó de la esquina del salón.
Simplifica con su ropa: ropa cómoda, de colores sólidos que no destiñan al primer lavado dejando manchada el resto de la ropa, que puedan pasarse de hermanos a hermanos (o primos o amigos), y por supuesto poca ropa (aplica el 333 a tus hijos también). Aunque haya quien diga que es mejor tener mucha, por propia experiencia sé que los niños crecen tan rápido que no te da tiempo a gastar la ropa y en ocasiones se les queda pequeña si haberla usado (sobre todo de bebés).
Más vale una buena organización con la lavadora que un armario atiborrado de ropa que no usan.

martes, 5 de abril de 2011

MIS 33 PARA LA PRIMAVERA

    Siguiendo con el ejemplo del Proyecto 333 para el invierno, me he decidido a crear una nueva lista de 33 artículos de vestuario para los tres meses de la primavera:
    Por si cunde el ejemplo, ahí va la lista: ¡tatatachán!

1 pantalón azul oscuro
1 pantalón azul marino
1 pantalón beig
1 falda caqui
1 falda estampada
1 vestido estampado
3 camisetas color entero (1 negra, 1 blanca, 1 azul  marino)
2 camisetas a rayas marineras (1 rayas rojas, 1 rayas azules)
2 cardigans (1 rojo, 1 azul marino)
1 chaqueta azul marino
1 chaqueta beig
1 bolso rojo
1 bolso marrón
1 sandalia marrón
1 sandalia roja
1 salón azul marino
1 zapato plano rojo
1 pulsera étnica
2 pañuelos (1 estampado, 1 liso)
1 blusa estampada
1 blusa blanca
1 blusón estampado
1 chaqueta fucsia
1 falda fucsia
2 tops (1 blanco, 1 negro)
1 trench
1 jean
   
     Algunos de estos artículos ya estaban en la lista anterior (como el jean, el trench o los zapatos rojos), otros los aprovecharé también para el verano (los pantalones, las faldas, las camisetas, las sandalias y los bolsos).
    Este está resultando un ejercicio divertido y definitivamente muy útil para evitar en síndrome de "sola ante el armario", que nos acosa no sólo por las mañanas, sino también desde la noche anterior (te acuestas pensando qué te pondrás al día siguiente y no concilias el sueño hasta que no encuentras la combinación de siempre, si es que la encuentras, claro).
    Entre estas listas y el consejo del anterior post (poner etiquetas con los días de la semana a las perchas y colgar en ellas las combinaciones para cada día), lo de elegir se está convirtiendo en un juego creativo y un placer, en vez de la tortura que ha sido hasta ahora.
    Así que ánimo, todos a hacer listas...por cierto, otro día hablaré de las listas de la compra, que con una hojita Excel o similar...bueno, no adelantemos acontecimientos, ya postearé.

jueves, 24 de marzo de 2011

SIETE SON SIETE, O MÁS DE LO MISMO

En el libro "El arte de simplificar la vida", decía su autora que con sólo siete prendas de arriba, siete de abajo, siente pares de zapatos y siete abrigos, se podía vestir durante prácticamente todo el año. Siete por cuatro son veintiuno.
Por otra parte, el Proyecto 333 nos ofrecía la posibilidad de vestir con sólo 33 cosas para tres meses.
     ¿Sería posible vestirse con veintiuna o treinta y tres cosas para todo el año?
Hagamos la lista, dejando de lado la ropa de casa, deporte, de dormir y la interior:

Otoño Invierno

1 traje pantalón negro
1 traje chaquea tweed, espiga o lana color entero
1 falda negra tubo o recta
1 jean
1 abrigo negro
1 abrigo rojo
3 jerséis de color enteros (1 negro y 1 marfil entre ellos)
1 blusa blanca
1 bolso marrón
1 salón marrón
1 botines negros
1 collar de perlas
1 par de pendientes de perlas
1 vestido negro
1 salón negro

Primavera Verano

1 traje pantalón azul marino
1 pantalón beig o camel
1 falda camel o caqui
1 vestido estampado de flores pequeñas
1 cardigan de color claro
1 trench
2 camisetas colores lisos
1 camiseta rayas marineras
1 sandalia marrón
1 mocasín azul marino
1 bolso azul marino

Siguiendo el esquema del siete, sería algo así:
Siete partes de abajo

1 pantalón de invierno
2 faldas de invierno
2 pantalones de verano
1 falda de verano
1 jean

Siete partes de arriba (abrigos)

2 abrigos de lana
1 trench
2 chaquetas de invierno
1 cardigan
1 chaqueta de verano

Siete partes de arriba
3 camisetas
3 jerséis
1 blusa

Siete pares de zapatos y bolsos

1 salón marrón
1 salón negro
1 botines negros
1 sandalia marrón
1 mocasín azul marino
1 bolso marrón
1 bolso azul marino

     Es decir, hacemos coincidir una lista con la otra, y comprobamos que se puede, siempre y cuando tengamos en cuenta quitar de dicha lista la ropa de casa, de dormir y de deporte.
¿Podría reducirse aún más esta lista? Si, sin duda, si nuestra actividad es más limitada.
Supongamos que trabajamos a media jornada, o con tele trabajo, en casa, o somos autónomos que no trabajamos de cara al público sino on line; supongamos que tenemos una excedencia (como fue mi caso) o  somos jubilados o pensionistas. Desde luego, en esos casos, necesitaremos muchísima menos ropa.
Ahora, haré una lista de los ultra básicos que podríamos tener en un caso semejante, para demostrar que el minimalismo debe adaptarse a nuestra vida y no al contrario (incluyendo ropa de casa, de dormir y de deporte)

1 traje pantalón negro
1 falda negra
2 jerséis finos de colores lisos
1 abrigo de color vivo
1 salón negro
1 jean
1 trench
1 blusa blanca
1 traje pantalón azul marino
2 camisetas de color liso
1 mocasín azul marino
1 falda camel o caqui
1 sandalia marrón
1 cardigan de color entero
2 chándales
1 pijama
1 zapatillas deportivas
1 camiseta de deporte
En total, 21 cosas para todo el año, a las que sólo habría que sumar la ropa interior.

¿Se puede reducir todavía más este esquema? Por supuesto:
1 jean
2 camisetas
1 abrigo
1 zapatillas de deporte

¿Se puede reducir aún más sin cabe? Claro que si:
1 hábito monacal

Y reducir a la mínima expresión, sería vivir en una comuna nudista en un lugar lo suficientemente cálido como para no necesitar abrigo (suena un poco a Adán y Eva en el Paraíso...ahora que lo pienso, ellos cometieron el pecado de abandonar el minimalismo paradisíaco por el barroquismo mundano, y empezando por la hoja de parra, mira dónde hemos terminado...)
Lo dicho, el minimalismo, que se adapte a nosotros, no nosotros a él. Es de lógica, vamos.