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jueves, 1 de diciembre de 2011

ALÉGRATE

Alégrate porque ya estamos en Adviento, y eso significa que el Niño nacerá muy pronto...
Analicemos la frase: puede ser que seas católico o cristiano y te suene a “lo mismo de siempre”,  o que no lo seas y te suene a “chino”, pero voy a desmenuzar su significado profundo, o al menos a intentarlo.
En las antiguas religiones pre-indoeuropeas, los ciclos de la naturaleza marcaban el paso del tiempo: en invierno, cuando el sol “brilla por su ausencia” y las noches son largas y frías (sobre todo en el Norte de Europa), los antiguos creían que llegaba el fin de la vida, pero su experiencia les decía que la vida continuaba, que una simiente dormía bajo la tierra esperando el momento de volver a la vida todo cuanto aparentemente estaba muerto.
Todas las antiguas religiones registran ecos de esta vivencia prehistórica, situando en el solsticio de invierno un “nacimiento” y una “victoria de la luz sobre las tinieblas”.
La cristiandad aprovechó estas creencias para situar en ellas en “nacimiento” de Cristo y mezcló la nueva fe con las viejas tradiciones, dando lugar a lo que conocemos hoy como Navidad.
Por eso, seas o no cristiano, la Navidad te llama, porque en tus ancestros quedó marcada a fuego la vivencia, y así, de una forma u otra, todas las tradiciones y religiones hablan de nuevos “nacimientos” y de “luz en medio de la oscuridad”.
Ese “niño” que nacerá, representa la nueva vida que todos esperamos que surja con la llegada del nuevo año; lo que renace de las cenizas de nuestra vida cansada, la esperanza de algo mejor, de la “luz tras las tinieblas”.
Así que, seas o no cristiano, reflexiona sobre qué cosas de tu vida deben morir y qué cosas deben cobrar vida, qué “niño” debe tener su oportunidad en tu vida, qué nueva esperanza emerge y toma forma dentro de ti de cara al nuevo año.
Celebra la vida, que siempre vuelve, que vence a las sucesivas muertes aparentes y a la definitiva, celebra que siempre hay lugar para la luz y la alegría.

martes, 29 de noviembre de 2011

DULCE NAVIDAD

¿Qué es la Navidad para ti? ¿Sigue teniendo el mismo significado que hace años? ¿Cuánto tiempo hace que no reflexionas sobre ello?
Pensar en la Navidad trae recuerdos, unos dulces, otros amargos, sobre todo de la infancia, época de nuestras vidas en la que éramos (se supone) inocentes y creíamos (firmemente) en los Reyes Magos.
Eran otros tiempos, menos consumistas o con menores opciones, y nos conformábamos con poco. Tal vez era que no había tantos canales de televisión, que lo de los catálogos de juguetes no sabíamos ni lo que era o que Papá Noel era un desconocido que hablaba inglés y por eso no le entendíamos.
En aquellos tiempos pedíamos una muñeca, no “la” muñeca de determinada marca (aunque ya comenzaban a sonar algunas), hoy en día piden la marca y les da igual qué juguete sea...cosas de la vida.
¿Qué recuerdos te trae la palabra “navidad”? Estos son los que me trae a mí:
Un olor: el de los adornos del árbol, guardados en la misma caja de cartón de siempre...años después averigüé que era perfume de magnolias, pero hasta hace poco, para mi ese era el olor de la navidad.
Un sabor (unido a un recuerdo): el turrón de chocolate con almendras, del que me comí una tableta entera con mi amiga Bettina después de la representación del Belén viviente en la Parroquia, en la que salí vestida de angelito de pelo negro, con ella, que era el angelito de pelo rubio (guardo la fotografía de aquél Belén con mucho cariño).
Un sonido: “las Divinas” cantando debajo del balcón de mi casa, cuando todavía eran unas desconocidas, a las que la gente identificaba como “las de Pacovi”.
Para los que no lo saben, que son la mayoría, en mi isla la tradición manda que después del 13 de diciembre, día de Santa Lucía, los grupos de Divinos, es decir, músicos que cantan villancicos por las calles de madrugada, lo hagan hasta el día 23 del mismo mes; la tradición privó siempre a las mujeres de este privilegio, hasta que un grupo de “locas” se saltó a la torera esa norma no escrita: eran las hijas, sobrinas, primas y demás mujeres de la familia de Pacovi, músico popular muy querido de esta isla; comenzaron un puñado de ellas: hoy en día somos más de treinta componentes y cumplimos 25 años las próximas navidades. Me honra y es uno de los mayores motivos de orgullo para mi, formar parte de “las Divinas”.
Un recuerdo entrañable: los ensayos de las obritas de Navidad en la Parroquia (aquellos años de juventud e ilusión).
Un momento dulce: el fin de año en el que comenzó algo hermoso, la relación con el que todavía hoy es mi marido.
Una canción: muchos villancicos que me ponen “los pelos de punta”, aunque mi favorito sigue siendo “Triste Navidad”: recuerdo a Pedro llorando en la misa del Gallo cada vez que cantaban las chicas del coro ese estribillo que dice “qué triste es andar en la vida por sendas perdidas lejos del hogar”, mientras recordaba a su familia, que estaba a muchos kilómetros y millas marinas de él.
Un recuerdo agridulce: el año que repartí las cajas de navidad para las familias necesitadas ayudando a las chicas de Servicios Sociales del Ayuntamiento. Querías llevar un poco de felicidad, pero sabías que detrás de aquellas puertas había mucha tristeza.
Un regalo perfecto: el año en que mi marido me regaló una tarjeta de Intermon en la que me decía que había comprado una cabra y unos pollitos a mi nombre para donarlos a un proyecto en África.
Una cena de Navidad: el año en que mis hijos se empeñaron en que querían huevos fritos para Nochebuena, y los hicimos: la cara de felicidad que pusieron mereció la pena.
Un momento para recordar: el año en que conocí a mi cuñado el pequeño (que tenía entonces once años) y en medio de la cabalgata de Reyes (en la que yo participaba en la organización), me acerqué a él (que todavía no sabía quién era yo) y le dije “¿tú eres el niño que dice que los Reyes Magos nunca le tiran caramelos? Pues toma, de parte de los Reyes” y le dejé un buen puñado. La cara que puso fue indescriptible, me hizo sentir extremadamente bien.
Una tradición familiar: hacer adornos de Navidad con mis hijos para adornar la casa y el árbol. Nada de lo que compres será tan bonito.
Un cuento: siempre, siempre, mi favorito "La cerillera"
Una manía “made in nosotros”: comer gominotas en vez de uvas en fin de año.
Una anécdota del día de Reyes: mi hijo mayor, entonces con tres años, que llega a la cama y nos dice “mami, hay un tigre en el salón...” hablando bajito para que el “tigre” no se “despertara” (era un enorme peluche-asiento en forma de tigre).
Una anécdota de Navidad: mi hijo mayor, con dos añitos, que ve el pelele del hermano, con un muñeco de nieve dibujado y señalándolo, dice “mira, un pollito de mieje”. A partir de ahí, en mi casa, se llaman “pollitos de mieje” a los muñecos de nieve.
Y podría seguir, con muchas más cosas que hacen para mi entrañables estas fechas...¿alguna de esas cosas cuesta dinero, o al menos, mucho dinero? La mayoría son gratis y otras no tienen precio, no pueden comprarse en el Corte Inglés y empaquetarse con lazos de colores, porque...¿dónde encontrarás “pollitos de mieje” en oferta o turrón de chocolate con sabor a belén viviente con tu amiga de la infancia?

martes, 22 de noviembre de 2011

GRACIAS

   Necesito dar las gracias a todos los que me animan a seguir con este blog: a mi única seguidora (de momento), a Valedeoro por nombrarme en su blog (recomendadísimo) y a esta nueva ciberamiga que ha comentado mis post, "dintredelcor": son ustedes pequeñas luciérnagas en medio de la noche, que animan la oscuridad y la llenan de belleza.
   Por ello, y porque sin dar las gracias no somos personas dignas de recibir nada, de mil amores, mil gracias.

¿QUÉ CAMBIA CUANDO TÚ CAMBIAS?

Al hilo de un post de elblogalternativo.com con el mismo título, nace esta reflexión: ¿qué cambia en tu vida y a tu alrededor, cuando tú cambias, cuando dejas de seguir el camino trillado del rebaño y buscas tu nueva senda?
En ti ya sabemos lo que ocurre: estás en una “noche oscura del alma”, en la que sientes la sed de buscar aun sin saber qué buscas; sabes que debes cambiar, que tu vida no debe seguir los mismos derroteros o volverás a tener los mismos resultados; sabes que la vida que has llevado hasta ahora ya no te llena, ya no te sirve, no eres feliz; y vislumbras al final del largo túnel, algo que parece una llamita que te guía hacia esa luz tenue pero visible.
Pero, ¿y en los que te rodean?
Quizá cuando llegues a la lucecita, se “iluminen” y disfruten de esa claridad mental y espiritual que has encontrado; quizá les transmitas esa paz que buscas, o ese camino hacia la paz que has encontrado y en el que estás dando tus primeros y titubeantes pasos; quizá te manden a freír chuchangas (o espárragos, depende de los gustos de cada cual) y se burlen de tus nuevas “manías” creyendo que ya se te pasará o que será una nueva moda hasta que llegue la siguiente...
Sin embargo, mientras llegas a esa luz hay momentos de mucha oscuridad, de furia, de rabia, de frustración, en los que conoces a la diosa oscura que habita también dentro de ti y te da miedo. Pero no puedes hacer otra cosa más que atravesar este bosque oscuro habitado por extrañas criaturas que pueden hacerte mucho daño o mucho bien; debes sufrir esa transformación que se da sólo en el camino en solitario, pero no puedes quedarte ahí, en la búsqueda insaciable; debes seguir caminando, haciendo tu vida como si tal cosa mientras en tu interior se libra una batalla mortal entre tu pasado y tu futuro, dos fuerzas, a cual más grande, en medio de ti, desgarrando tus cimientos y tus esperanzas (¿quién ganará?).
Y mientras tú te debates entre opciones trasnochadas e ideas novedosas, mientras te redescubres o te reinventas, porque buscas lo que no tienes, sabiendo que de eso nuevo que surge, renacerás fortalecida y feliz, los que tienes a tu alrededor sufren tus vaivenes, malinterpretan tus desasosiegos, escuchan tus gritos preguntándose por qué te enfureces por cosas tan nimias (para ellos) o te repiten eso tan fácil de decir que es “cálmate” o “relájate” mientras tú te atacas de los nervios todavía más y piensas “pero ¿por qué no me entienden si es tan fácil?”.
Si, mientras buscas pasas por una etapa muy confusa que te altera y te transforma, vives como en un terremoto, aunque debas seguir como si tal cosa con tu vida habitual: haces la compra, mientras piensas en la ropa que tienes que planchar y en cuándo sacarás tiempo para subir el vuelto del pantalón de tu hijo; limpias los baños mientras mentalmente haces el menú para la semana y al tiempo contestas a las preguntas de la tarea de matemáticas de tu otro hijo, suspirando por unos minutos para ti y un par de asanas de yoga que te vendrían de perlas; llegas a la noche más muerta que viva, pidiendo clemencia y sintiéndote culpable por no haber tenido tiempo para comprar la fruta para la merienda de tus hijos o las pastillas de la perra...y en medio de todo esto, esa marea de fondo en la que te debates intentando, no ya volver a tener el “control” de tu propia vida, sino encontrar “tu nueva propia vida”.
La insatisfacción te empuja hacia delante, sabiendo que atrás no ha quedado nada digno de mención, más que un montón de errores de los que aprender; buscas como los perros, olisqueando porque sabes que ahí delante hay algo (no sabes qué, pero algo hay, seguro). Tu instinto te lleva más allá, a donde no has llegado nunca y no has querido entrar por miedo.
Necesitas palabras de consuelo y sólo encuentras silencio, necesitas ayuda y cada vez estás más sola para todo, necesitas reírte y sólo encuentras enfados, necesitas tiempo y es lo único que no tienes...
¡Qué bonitas esas revistas cargadas de buenas intenciones en las que te dicen que debes encontrar tiempo para ti, levantarte más temprano para practicar yoga o correr, desayunar con calma o tomarte una taza de esa maravillosa infusión al atardecer para “conectar” contigo misma! ¿y para quién están hechas? ¿para gente que tiene quien se lo haga todo y se aburren? Dudo que estén hechas para quienes nos levantamos a las seis y veinte de la mañana para llegar a tiempo a trabajar, quienes almorzamos a las cuatro de la tarde y nos dan las nueve sin parar de limpiar, de cumplir con nuestras citas o las de nuestros hijos o de hacer tareas escolares con ellos; dudo que las personas que llegamos al lunes más cansadas de lo que llegamos al viernes podamos permitirnos el lujo de tomarnos en serio todos esos consejos.
Aparentemente, esas revistas nos dan esas pautas para nuestra felicidad, pero sinceramente creo que lo hacen para nuestra tortura: no, no está la paz en esos consejos, por muy “pacíficos” que parezcan; la paz está en el equilibrio entre acción y calma, no podemos abandonar nuestra vida terrena mientras buscamos la divina, y mortificarnos pensando que deberíamos estar haciendo yoga en vez de la cena de los niños no beneficia a nadie.
Por eso digo que en el camino del cambio y de la evolución hacia una vida mejor, debemos ser conscientes de que para que llegue la calma debe pasar la tormenta, de que no hay noche sin día ni gritos sin silencio.
Después de este túnel, de este callejón oscuro, surgirá una salida, una oportunidad, pero no será dejando de lado la realidad prosaica y las facturas pendientes, sino a pesar de todo eso que no nos deja vivir.

martes, 18 de octubre de 2011

BLOG ACTION DAY 2011

   Ya que lo he visto en Valedeoro y en Chocobuda, a los que sigo fervientemente como faros en la noche de este barquito velero en el Atlántico, me he decidido también a hacer mi pequeña contribución con el Blog Action Day de este año.
   El tema va de "comida", aunque a mi me gusta más la palabra "alimento" porque le encuentro unos tintes religiosos muy bonitos.
   Para mí alimentar es dar comida al alma, y eso deberíamos hacerlo a diario: cuando nos sentamos a comer, no debemos devorar lo que tenemos delante, debemos deleitarnos, pensar detenidamente en lo sabroso y agradable que resulta el acto de comer, de nutrirnos; debemos agradecer que tenemos comida (demasiada gente no la tiene); ser conscientes de que no necesitamos tanta para sobrevivir; ser conscientes de la maravilla de poder comer todo tipo de alimentos, no sólo porque nuestro nivel adquisitivo nos lo permita, sino por no padecer ninguna alergia o enfermedad que nos limite; comprender que la Naturaleza ha tenido que hacer un esfuerzo ingente, una estupenda obra de ingeniería para que esa semilla diminuta se haya convertido en el árbol que nos ofrece sus manzanas; sorprendernos ante el color, el sabor, la textura, de los alimentos, la magia de que algo insulso se convierta en sabroso al cocinarse...
   Además, debemos reverenciar el acto de convertir los alimentos simples en platos compuestos:cocinar debe ser un acto religioso, que nos "relige" con nosotros mismos; pensar en cómo se han tenido que dar las circunstancias para que la sabiduría popular nos haya legado platos equilibrados (como las lentejas con arroz, humm...)y sencillos; intentar imaginar a quién y cómo se le ocurriría hacer el primer huevo frito o la primera salsa bechamel.
   En el momento de cocinar, debemos honrar a nuestros ancestros, como por ejemplo, a nuestra bisabuela que nos dejó la receta familiar secreta con la que hoy deleitamos a los nuestros; debemos honrar nuestras propias tradiciones y herencias culturales, como los postres típicos de nuestro pueblo;debemos igualmente honrar los ciclos de la Naturaleza y comer frutos de temporada y locales.
   También debemos darnos cuenta de que la cocina es un pequeño templo donde el milagro del amor (como en la novela "Como agua para chocolate") hace de unas simples hojas de lechuga una ofrenda.
   El acto de hacer la comida es semejante o debería serlo a la Consagración de la Misa católica (salvando las distancias): un momento de sublime silencio, profunda devoción, en el que se unen los alimentos terrenales con el amor divino que nos impregna, para ofrecer a los nuestros (familia, amigos, invitados), lo mejor de nosotros mismos.
   Al cocinar, poniendo toda nuestra atención y cariño, dejamos la mente en paz, somos uno con la comida. De igual modo, por respeto y cariño a esa persona que amorosamente nos ha cocinado lo que ante nosotros tenemos, comamos con reverencia y amor.
   Comer es algo más que tragar: es nutrir el alma y el cuerpo, de vitaminas, minerales, proteínas, y de amor.

domingo, 16 de octubre de 2011

IDEAS PRACTICAS PARA AHORRAR TIEMPO

    El tiempo es esa cosa que todos deseamos pero no tenemos, y más que el oro, lo añoramos en cuanto vemos que se nos escapa.
    Desde luego, el tiempo corre lento para todo lo tedioso, menos para una cosa: la limpieza de la casa.
    A menos que seas de esas raras avis a las que les encanta la limpieza diaria y además tienen todo el tiempo del mundo, seguro que eres de ese cada vez mayor montón de gente que "no tiene tiempo" para dejar su casita "como los chorros del oro".
   Pues bien, el otro día, en uno de esos "encuentros en la tercera fase" de esta que les escribe y la tele, es decir, de esas noches en que, por ser viernes y por no ofender a tu pareja, decides sentarte en el sillón ante la caja tonta unos minutos, en una película protagonizada por Jennifer Aniston, de cuyo título no me acuerdo, la susodicha se dedicaba a trabajar de asistenta.
   Ridículo o maravilloso tener a Jennifer Aniston limpiandote la cocina, pero ese era el guión.
   Más por lo que voy a contar que por la historia en sí, me quedé a ver la película (por otro lado, un tanto absurda)y mientras ante mí desfilaban situaciones de lo más variopintas, mi mente capturaba una de esas ideas felices que de vez en cuando surcan los cielos neuronales de mi cabecita.
   Y he aquí el resultado: conviértete en tu propia asistenta.
   ¿Cómo?¿Qué? Pues sí, lo dicho, conviértete en tu asistenta, piensa como ella (o él) y limpia tu casa como si fueras esa persona, es decir, de manera profesional.
   Tu asistenta (puedes imaginarte a Aniston si quieres) es muy profesional: siempre empieza y termina sus tareas, llega a su hora y acaba a su hora, dejando todo en orden. Tiene una ruta de trabajo marcada, no pierde tiempo viendo la tele o releyendo esas viejas revistas, tiene que ganarse sus euros y cuantas más horas haga en diferentes casas, más dinero ganará.
   Utiliza sabiamente los productos de limpieza, de manera que acarreando sólo dos o tres de ellos, limpia toda la casa sin tener que usar y por lo tanto arrastrar con ella un cajón lleno de productos.
   Se viste de manera adecuada, nada de limpiar con la ropa de calle, y si es necesario se pone por encima una camiseta usada para no mancharse innecesariamente. Quizá pone música para hacer más llevaderas sus tareas, pero no pierde el tiempo bailando.
   Sabe que tiene que acabar a una determinada hora, así que analiza la situación y empieza por lo más visible y por donde más necesario es limpiar, y como es buena profesional, no deja cosas sucias o a medio limpiar. Se marca sus tareas y trabaja por objetivos.
   Por supuesto, tiene un horario y un día o dos en los que limpia tu casa, no está cada dos por tres allí, ni aparece a las once de la noche. Todo lo tiene friamente calculado para que el tiempo se le convierta en oro y para que su buen trabajo le traiga buenas recomendaciones y por tanto más trabajo y más dinero.
   Ahora piensa en convertirte tú en esa persona, pero no limpiarás la casa de tu vecino, sino la tuya: si lo haces de manera profesional, será más rápido y eficaz, imagínate que haces una obra de teatro o que estás en una película y ese es tu papel.
   Concéntrate en hacer un buen papel y como por arte de magia, tu casa estará limpia y recogida en poco tiempo y casi sin esfuerzo (bueno, vale, quizá termines destrozado/a, pero ¿qué asistenta no termina así al final de su jornada?)

martes, 20 de septiembre de 2011

MINIMALISMO DE COLORES

         Hay personas que tienen una visión un poco estereotipada de lo que es el minimalismo, y creen que cuando eres fan del mínimo, te vistes de blanco y negro, y santas pascuas.
   Desde mi humilde opinión, nada puede estar más lejos de la realidad, por más que los opinólogos mundiales digan lo contrario.
   Creo que se puede ser minimalista y tener una tetera roja con lunares blancos (eso sí, es tu única tetera y la tienes porque la usas mucho); o vestirte como una preppy, pero tener un armario que parece un jardín zen.
   El minimalismo no es ausencia de color (o de vida), sino ausencia de superficialidad.
   Puede que para ti vestirse punk o lady sea una superficialidad, no lo dudo, y creas que es mejor un hábito monacal; pero eso no te convierte en minimalista si tienes dieciocho hábitos sin estrenar en el armario y te compras otro porque "no tienes que ponerte" (recuerdese que hoy en día lo más parecido a un hábito es un jean, todo el mundo vestido con uno, como dominicos en la Edad Media).
   A lo mejor, como dije, eres un preppy que sólo tienes dos polos y tres jerséis de rombos, con lo cual ejerces de minimalista en tu armario.
   Lo importante no es cómo vistes, sino el espíritu que anima tu vida: si valoras la calidad por encima de la cantidad, si prefieres poco y bueno (al menos todo lo bueno que te puedas permitir) a mucho y malo, entonces eres minimalista.
   Ya lo decía Genevieve Antoine Dariaux en su libro "Muy chic, una guia de la elegancia": "cuanto mayor es el lujo, más discreto es, hasta que por fin, tras avanzar por estadios cada vez más restringidos, se llega a la cumbre del lujo, imperceptible para todos excepto para uno mismo".
   Creo que esta francesa hablaba de minimalismo refiriéndose a la calidad de la ropa que usamos, y en definitiva, de todas las cosas que adquirimos: todo lo que poseemos debe ser para nosotros un lujo, no porque cueste mucho, sino porque lo valoramos mucho, y no necesariamente vivir rodeados de miles de cosas significa vivir en el lujo.
   Cada cual interpreta el lujo como quiere: para algunos es respirar aire limpio o tener un grifo del que sale agua corriente; para otros es tener un Mercedes aparcado en el garaje de su mansión. Pero sea como sea, el estandar de calidad siempre va unido a la escasez: cuanto más escaso es un bien, más se cotiza.
   Por tanto, seas como seas y vistas como vistas, vive minimalista, aunque sólo sea para aprender a vivir en medio de tus pequeños lujos aunque para el resto del mundo no lo sean.
         Que como dijo Dariaux, sea "imperceptible para todos excepto para uno mismo".